Restaurante “El olvido”. A.Morales.

Fue hace un par de noches. Una velada de lo más cordial, viejos amigos de allende los tiempos, de cuándo recordar es sinónimo de guasa sana, y es que eso de compartir cena unido al sabor de un rioja distinguido “Caldaredou” -según apuntó Ramón, nuestro “sumiller" accidental y que tan nerviosa ponía a la Ochoa con sus golpes de efecto, para mi regocijo personal, por intuir lo mucho que le incomoda las situaciones insólitas-, viene a ser en estos tiempos, lo que en otros fuera reunirse alrededor del fuego del hogar para contar historias, recuerdos o anécdotas escondidas en la memoria.

Ahora que casi es posible confesarlo todo, ahora que sabes lo que “vale un peine”, ahora que solo esperas saborear lo bueno que la vida te ofrece, en esas contadas ocasiones, ahora es cuándo el sabor de un caldareou ejerce de esplendido anfitrión.

Es verdad también, que la palabra es el mejor invento de la evolución de la especie humana, el vehículo que nos facilita la transmisión del mensaje, llenándolo de matices, burlas ingeniosas, giros teatrales y sentimientos, que nos identifica a nosotros mismos: con lo que fuimos, con lo que somos, con lo que pudimos ser.

Pues en esta estábamos, entre “tostas de jamón con aceite de oliva”, “revuelto de setas”, - cuya acertada cocina propició un ameno debate sobre variedades comestibles, modos de cocinarla, especies y lugares dónde buscarlas, y en el que se descubrieron como excelentes recolectores: Juanra, Fali o Jesús ( el invitado impensado, no por ello anhelado o esperado), para continuar con platos de lo más crepuscular, como puedan ser: carrillada de atún, castañuelas, carne a la brasa o la parrillada de verduras –con ese toque de la mala fortuna que da la plancha cuando está a tope de temperatura-, y entre trozo y trozo, aquel recuerdo que andaba agazapado bajo los lienzos de la mesa, aquel amigo que ya no está, o aquellos días de soberbia inmadurez que se confesaban tan insensatos y divertidos.

Y entre risas, sonrisas, y la generosidad congénita de esa generación al compartir mesa y mantel, llegamos a los postres. Obviamente, no hay dos sin tres, y el mus de higos al Pedro Ximénez puso la guinda. Los minutos no cesan su constante caminar, y las horas no pasan en balde, así las obligaciones profesionales para la jornada del sábado nos hizo levantar el vuelo y buscar acomodo dónde reposar la jornada. Y así fue como entre las paredes del que fuera un antiguo convento, iluminados por la luz de una pequeña vela (que aunque solo suele acompañar las cenas románticas, solicité que también brillara en nuestra mesa), transcurrió el sosegado gaudeamus, en excelente compañía: Mentxu, Tere, MCarmen, Juan Rafael, Fali, Jesús, Yo, y el mejor de los recuerdos posibles con los ausentes o con los que estuvieron allí en aquellos entonces y ahora andan dispersos vete a saber dónde, pero que también cenaron con nosotros obviamente.

*Restaurante Taberna El Seño de la Sangre / Gibraleón (Huelva).

La Cerradura.



Los veranos tienen eso de festivo que invitan a dar riendas suelta a la aventura o al atrevimiento más inusual. Tal vez sea motivado por el calor, la escasa ropa con la que nos cubrimos o la predisposición que el ambiente lúdico-festivo propicia.


Lo cierto es, debo confesar que actué maliciosamente: con el sigilo, la destreza y la paciencia de un ladrón, esperando la mejor oportunidad, y ¡dios¡ que si dio sus frutos.


Me explicaré. En aquellos ociosos días, trabajaba de ayudante en el hotel de mi tío Sebastián, en playa de Vau, al sur de Portugal. Era un modo de pasar el verano y de ganar algo de dinero, además de servirme para soltarme con el inglés, dado que allí solían ir sobre todo ingleses que haciendo escala en Faro, utilizaban el desajuste entre las libras y los escudos para vivir como “curas” durante los tórridos meses de julio o agosto.


Así, ejerciendo de chico para todo y con la confianza de mi tío, que esperaba que algún día fuese quien gestionara el hotelito, -dado que nunca se casó y menos aún tuvo hijos fuera del matrimonio-, podía moverme con soltura por todas las plantas, -seré más concreto, por las dos plantas de habitaciones y la planta principal donde estaba la recepción, el restaurante, y los salones comunes- .


Cuándo la oportunidad me situaba en la recepción del hotel, trataba de acomodar a los huéspedes en según que habitación, pues solo las nº 11 y 16, propiciaban esto que ahora os desvelaré, son habitaciones simples, a ocupar por un solo huésped, y tal vez por eso se sitúan en espacios más o menos accidentales ganados al edificio y por eso mismo, su ubicación es peculiar.


Aunque hubo más de una ocasión, no siempre las frutos vinieron dados por la inspiración de la diosa de la belleza y fue en una de estas cuándo las circunstancias dispusieron que hasta Vau, llegaran Elisabeth y Conny, dos amigas y estudiantes de filología hispánica que recalaron allí mientras desarrollaban una especie de trabajo de investigación, algo así como justificar “el veraneo” con cargo a la Universidad.


Lo cierto es que situé a una y otra, como ya supondréis en las habitaciones 11 y 16 respectivamente.


Lo que tenían de especial, no era otra cosa que ambas se situaban en un giro del pasillo, junto a una puerta de servicio, donde guardábamos toallas, jabones o almohadas más duras.


Con esta geometría podía disponer a mi gusto la necesaria logística y situarme disimuladamente para observar sin ser visto, teniendo la suficiente cohartada como para ser relacionado, en caso de ser pillado "in fraganti" con “labores” de control en el cuarto de servicio.


Aunque ya os adelanté, que toda esta estrategia la usé en más de una ocasión, fue ésta, la vez en la que alcancé el cenit de los momentos estelares.


Lo esencial del relato, no es otro que compartir las escenas que viví, al asomarme a través del ojo de la cerradura, a la intimidad de estas dos chicas indistintamente o de ambas a la vez, y es que una y otra , compartían además de la beca, su admiración, su común atracción y porqué no decirlo su pasión fresca y libre de prejuicios, de tal modo que pasaban mucho tiempo juntas, a pesar de la escasez de espacio, pero eso distaba lejos de ser un obstaculo.


Elisabeth y Conny, se entregaban a sus debates universitarios casi desnudas, sólo unos diminutos calcetines de hilo –muy infantiles por cierto- un culotte o a veces un pantaloncillo corto de nylon muy ceñido de colores pastel.
Conny, con su pelo rojizo y rizado, sus ojos verdes, salpicada con algunas pecas, era de las dos la más efusiva y apasionada, sus pequeños pechos, rematados por coronas también ocres y su pubis recortado, escenificaban a una diosa, sacada de algún castillo medieval.


Elisabeth, mas intelectual, aparentemente más distante, pero altiva y exaltada cuándo llegaba al orgasmo. Se dejaba llevar, cuándo su compañera le incitaba con sus tenues caricias. Se dejaba transportar, parecía como si solo estuviese esperando ese momento, dejando atrás la compostura de esa educación tan rígida que al parecer imparten a todos por igual en el viejo Reino Unido.


Cuándo Conny deslizaba su dedo índice entre sus senos blancos y suavemente redondeados, Elisabeth no podía resistirse.

Sus sesiones de amor, me mostraron un mundo que no acertaba a comprender sin morbosidad hasta ese momento.

A la belleza de la pasión limpia y sin ataduras se le unía la propia de ambas chicas, a cual más exquisita. 


Desde entonces, busco la ocasión en la que descubrir escenas, en las que la fogosidad humana se da cita al amparo de cuatro paredes y la cercanía de unos cuerpos desnudos.


A estas alturas, he sido testigo de cientos, de miles de momentos, aunque algunos han sido tórridos o dolorosos, me mantuve al margen, y de todos los vividos guardo los más placenteros y sensuales.

Mi nombre es Adolfo Morales, este Blog es una especie de caja de zapatos en la que voy dejando cualquier cosa que despierte mi interés: fotografías, opiniones, relatos y algún que otro desvarío. Todo desde la más absoluta originalidad y autoría. Si bien me apoyo mucho en imágenes para uso no comercial colgadas en diferentes comunidades, como LA PETITE ECOLE. Llevo desarrollando la plataforma Blogger desde sus inicios, una experiencia que desde el principio me ha deparado muchas satisfacciones y el encuentro personal y virtual con gente muy interesante.
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