Jerte, 200 años después.



El pasado finde puse pies en Plasencia y el pequeño pueblo de Jerte, que da nombre a un valle que cada primavera parece nevado, por el efecto de miles de cerezos en flor.
Pero más allá de la realidad con la que hoy son conocidos, está un hecho histórico que casualmente se conmemora este año.

En Abril del año 1809 los franceses quisieron adentrarse en el Valle desde Barco de Ávila pero los combatientes de Jerte ayudaron al entonces coronel Francisco Fernández Golfín (más tarde llegaría a ser Ministro de la Guerra) y a los hombres del comandante Diego González Aragonés a rechazarlos en el puente Becedas. Esta oposición de los jerteños a los invasores fue la causa de la destrucción de la villa el 21de Agosto del mismo año 1809.

Los Francéses proceden a la quema sistemática de todas las casas impidiendo que los lugareños puedan sofocar el incendio. Sólo quedan en pie 8 casas de las 275 existentes, posteriormente permanecieron un mes en la localidad obligando a los jerteños a refugiarse en las sierras en cuevas y entre canchales, muchos no soportaron la dura prueba. Este año, se cumple 200 años de aquel acto valiente en defensa de aquella monarquía que posteriormente no les reconoció su arrojo.
Por eso el pueblo se engalana, con claveles rojos, lavandas y romeros, formando arcos y cubriendo balcones. Incluso sacarán al santo patrón que hacía para 19 años que estaba vete a saber porqué castigado sin salir de su iglesia. Pero lo que hoy es festividad, alegría y tiempo de jolgorio, antes lo fué de pesadumbre, esfuerzo y dolor. Por eso es importante que JERTE sea conocido además de por sus cerezos por sus hombres y mujeres, los que un día arriegándolo todo, se arrojaron al campo como milicianos en la aventura de la guerra para tratar de frenar a las tropas de Napoleón. Y es que los jerteños son como son,
y por eso se dice que quién siembra, recoge.

A tan solo 15 minutos desde Plasencia, ciudad de múltiples palacios, iglesias y conventos, lugar para el buen comer ( carnes sobre todo y excelentes quesos -Las Tortas del Casar- y mejor aún el vino tinto), pasear y descubrir tesoros que la historia deja cual yelmo protegido, para terminar acercándose al pueblo de Jerte pasando por Cabezuela del Valle entre otros, parando necesariamente en cualquiera de los múltiples puntos, que te hacen disfrutar con el encanto del Río Jerte que corre paralelo a la carretera nacional.
Una ruta llena de senderos, en la red del Camino a Santiago desde la Vía de la Plata, promete más de lo que esperas.


Fotografías: AMC

1 comentario:

  1. Es precioso, preciosísimo ese lugar

    y a pesar de que en Plasencia me operaron de anginas de niñita y estuve incómoda sin poder hablar durante un tiempo; sí podía tener bien abiertos mis ojos, que, emocionados, comtemplaban ese paisaje florido que nunca, nunca olvidaré

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