Semana Santa de lacitos y estupideces.



Si la Semana Santa -al menos la de Andalucía- tuviese un exclusivo tratamiento religioso, al margen de la tradición, la costumbre popular, o la idiosincrasia de este pueblo al entender cómo controlar sus manifestaciones, sus devociones, admiraciones o apegos, no habría llegado a nuestros días tal cual es.

Andalucía -y también imagino que el resto de ciudadanos de otras localidades- llena sus calles, con misterios cristianos, escondidos en tallas y filigranas de plateros, costureras, orfebres, floristas, artistas de la cera y escultores, en un alarde de generosidad y de color, que a todos une, bajo un manto de devoción singular. Esa es la gracia de esta exaltación. Entender que es la fe exclusivamente, la que hace mover estos pasos, es una simple estupidez.
Fijense que siempre vi la figura del sacerdote que acompaña a los pasos como fuera de lugar. ¿Curioso no?. Y es que cuando la cabra tira pal monte, ya se sabe.


Color, olor, música, inundan las calles años tras año, en una exaltación de sociabilidad, en los que unos, tal vez recen - a su manera, claro- y otros sean simples admiradores, que por un instante, al margen de sus creencias -o de la ausencia de éstas- se mimetizan, conjugándose en un mismo verbo. La Semana Santa tiene más de civil que de religiosa. O si lo prefieren, tan pagana como religiosa.

Yo que de niño comencé a vivir la Semana Santa puerta con puerta, que he crecido entre ceras, claveles, saetas, días de lluvia, sillas de enea, que el olor del incienso es un viejo perfume al que se acompaña con ricas torrijas de vino y miel, que clarines y tambores forman parte del hit parade de la memoria, yo que no soy para nada creyente, admiro, respeto y me inundo de los perfumes de la Semana Santa, y como no creo ser la excepción, mucho me temo que seremos mayoría los que diferenciamos el hecho religioso con el hecho cultural.

Por eso, si ahora la iglesia se empeña en usar todos los artilugios disponibles para defender su extraña y confusa política, frente a medidas anunciadas como la reforma de la ley del aborto, tratando de colocar a sus nazarenos un lazo en señal de apoyo, no va a servir más que para ensuciar una fiesta que es de todos. Por eso es de agradecer que muchas hermandades ya han dicho que no portaran este símbolo, porque este tipo de gestos desvirtuarían el espíritu de lo que ha venido siendo un rito centenario y porque cada nazareno en su fuero interno debe obrar en conciencia, no pudiéndose colectivizar las instrucciones recibidas desde el episcopado.


Tal vez la iglesia, debería revisar sus principios, aquello que habla de la riqueza y la pobreza, o cómo combatir la pederastia de cuyos escándalos estamos más que hartos, y no olvidar sus negocios, sus oscuras finanzas o sus lazos tantas veces argumentados con sociedades de dudosa condición cristiana. La sociedad está muda que no sorda o ciega, y no olvida, entre otros casos sirva como simple ejemplo, aquel folletín cuyo actor fuera Paul Casimir Marcinkus.


A mediados de la década de los 80, las autoridades italianas trataron de arrestar a Marcinkus por su conexión con varios crímenes financieros, pero el Vaticano reclamó inmunidad diplomática para el arzobispo estadounidense y le protegió de las investigaciones. Marcinkus negó cualquier acción incorrecta y fue autorizado para regresar a Estados Unidos y a la diócesis de Phoenix, en Arizona.


Si se colocaran en los cleryman o en las sotanas, un lacito por cada injusticia cometida por la Iglesia a lo largo de su dilatada historia, no habría sitio hoy para colgar este contra el aborto.
Últimamente el grado de insensibilidad y cinismo se está apoderando de Vds., es por eso que son capaces de ir a África y no dar su brazo a torcer en algo tan elemental como es el uso del preservativo, prefiriendo que sea el SIDA y las moscas la que devore a tanta gente.
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Sus conciencias andan confusas. Lástima que la iglesia esté formada por simples hombres, que no santos, y me refiero exclusivamente a la organización administrativa, política y burocrática, que no a tantos otros religiosos que dedican sus vidas y la exponen en favor de los desfavorecidos, estos otros me merecen mi absoluta admiración y respeto.
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Si buscan un lacito, ahí les dejo este modelo,tal vez el más apropiado para Vds., y que por ser no puede ser más taurino, y además con el negro va a juego.

4 comentarios:

  1. Adolfo me parece muy claro y valiente este artículo. Me gusta y me adhiero a sus conclusiones.
    Marisa

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  2. Totalmente de acuerdo. El cinismo de la iglesia roza el insulto. Tus ejemplos son más que suficientes, no creo que haya que explayarse (por no remontarnos a la Historia: inquisición, colaboraciones con regímenes dictatoriales (en nuestra piel la llevamos), etc). Creo sinceramente que la sensatez está perdiendo este partido. Saludos

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  3. Creo que habéis sido tan explícitos como la misma opinión pública, así es que "todos" de acuerdo. Saludos colegas.

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  4. Con respecto al tema del "lacito", parece que la naturaleza de lo obvio se ha impuesto sin hacer ruido, les vendrá bien que reflexionen, entre poder y autoridad hay estadios de separación. Estos días por razones de trabajo, anduve por la ciudad de Sevilla, fantástica en primavera, podría ser una de las más bonitas de toda la península. La semana Santa ya está instalándose en la ciudad, de un modo natural y tranquilo, sin espavientos, como debe ser, cuándo el corazón bombea de un modo natural, todo fluye de un modo natural también. Tuve la oportunidad de acercarme y ver por primera vez al "Cachorro", un cristo crucificado que tiene templo en el barrio de Triana, compartiéndolo con la misma pasión por la "Esperanza de Triana" que vive en un magnifico templo -actualmente en restauración pero visitable-. La talla del "cachorro" tiene el encanto inesperado de las cosas que a todos nos llama la atención, sin acertar a saber qué o cual es el motor que lo haga ser así. Magnífica talle, estuve contemplándola por algún rato y es cierto te invita al monologo, absurdo pero es así.

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VIII edición de Atlantica Visual-Art
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