Miradas.



Ocurrió como suceden estas cosas, de un modo inesperado, casual aparentemente. Lo cierto es que en medio de aquel bullicio, en aquella aparente confusión, ella vio algo que la sustrajo y la aisló de todo aquello. El silencio se apoderó de aquel espacio abarrotado de otras personas, que al igual que ella, miraban incesantes de un lado a otro.

Incluso la cámara percibió aquella mirada, capto el instante preciso en el que aquella mujer quedó suspendida en medio de la nada.

¿Qué estaba mirando?, ¿que llamó su atención de una manera tan determinante?, ¿que fue lo que vio?.

No sonreía, más bien exhibía cierta mueca de dolor, aquel momento, le producía preocupación,desasosiego,y sin duda alguna tensión.

"Las palabras pueden ocultar muchas cosas, las miradas en cambio nos desarman" que decía el poeta.

Llamaré a esta mujer Isabel, tiene cara de llamarse Isabel, Luisa o tal vez Estrella, algún nombre debe tener, así es que la bautizaré como Isabel, para otorgarle más personalidad que el simple anonimato.

Creo que Isabel, tiene mucho que contar, su mirada es solo el primer capítulo de un gran tomo, en el que desarrollar toda una vida anhelando felicidad y buenos deseos, desde que era niña en aquel barrio de Córdoba -porque he determinado que sea Cordobesa. Puede serlo, es guapa, altiva, arrogante, y aparenta seguridad a pesar de la debilidad de su mirada-, el de San Lorenzo, ubicado en el arrabal árabe de Munyat al-Mugira, y cuya iglesia -la de su mismo nombre- fernandina, una de las 14 de Córdoba, es conocida por ser la más bonita de todas. Antiguamente había muchos Patios, que se adornaban profusamente con macetas de geranios, gitanillas y clavelinas, que ella cuidaba junto a su madre y abuelas, siempre atentas a que mantuviesen el frescor que las perpetuase saludables y llenas de vivos colores.

Mucho más adelante, aquella niña hecha toda una mujer, estudió Medicina, más concretamente se decantó por la cirugía, todos decían que tenían unas manos de "ángel", que ya despuntaba de niña, cuándo le cogía las tijeras a su madre y "podaba"con gran precisión las hojas muertas o enfermas de las plantas, que era una delicia verla así tan ensimismada, y que a nadie sorprendió que quisiera ser cirujana, y que en el barrio estaban muy orgullosos de Isabel, la primera mujer médico de la familia.

Carmen, su abuela materna con más de 95 años, casi ciega, casi demente, asentía todo lo que narraba Juana, su vecina y amiga, bastante más joven que ella, -quince años de diferencia a estas edades, marcan la misma diferencia que cuándo tienes 12- y que prácticamente eran familia, pues habían vivido toda la vida en aquella misma calle, portal con portal, y hubo mil y una ocasiones para ser generosas, amables y afines.

Así es que podríamos decir que Juana y Carmen tienen más en común de una simple vecindad, y es que hay "extraños" que son más que la gente de nuestra propia sangre.

Juana contó que Isabel conoció a un chico en la Universidad, que todo iba bien, que acabó la carrera y que juntos estuvieron trabajando en Sevilla y en Barcelona. Isabel venía todos los años a ver a su familia en diciembre, coincidiendo con las fiestas, que les traía regalos -a ella también-, aunque nunca vino con aquel chico, aunque ella decía que todo estaba bien, que no nos preocupáramos. Más adelante, su madre murió de un cáncer inesperado, en una semana "se nos apagó", fueron inútiles todos los esfuerzos.

Lamentablemente no pudimos localizarla, su teléfono estaba "apagado o fuera de..", "estos malditos aparatos modernos que nunca funcionan cuándo se les necesita", algunos días después nos llamó, nos dijo que había estado en un congreso o algo parecido en Italia, y que dejó olvidado el móvil en su apartamento.

Para entonces su madre yacía enterrada en el Cementerio de San Rafael, junto a su marido muerto bastantes años antes.

Isabel quedó impactada por la noticia, vino y se preocupó de dejar ordenada las cosas de la familia, la casa de Córdoba quedó en uso por parte de su hermana Candelaria, su sobrina Marife y su abuela Juana. Se la veía como ausente. Bastante afectada y su mirada lucía triste, muy abatida, cansada. Por entonces no sabíamos los acontecimientos que habían ocurrido con ella, el tal Dominique y el que fuera su pareja.

Dispuso que los recursos económicos que tenía ahorrados su madre, pasasen a la cuenta común que mantenía con su hermana, así cómo los derechos derivados de la Seguridad Social pudiesen utilizarse en favor de su abuela, finalmente dio orden a su banco para que mensualmente abonase 300 € en la cuenta familiar. Ya se la vio algo trastornada con la situación, y él último día se despidió con un abrazo largo y sentido con su abuela -Juana asentía emocionada, tratando de emitir algún sonido, aunque sus labios temblorosos no se lo permitieron.Su mirada lo decía todo- , después la comunicación se fue diluyendo, y solo muy de tarde en tarde, suena el teléfono, nadie dice nada, creemos que es ella, que nos hecha de menos, que desde algún lugar nos mira, pero no nos habla.

Cuándo llega la primavera, y los patios comienzan a llenarse de luz y sus vivos colores nos levantan el ánimo, le preparamos aquel rincón, -ese que está junto a la ventana, el que te encuentras nada más pasar la puerta- con la mesita de enea y su sillita, y dejamos su pequeña regadera siempre llena de agua por si decide ese año venir a echarnos una mano.

Dicen que Isabel, no estuvo en ningún congreso cuando ocurrió lo de su madre, que estaba en su apartamento de Madrid, con un francés, -mientras su marido estaba este si en un congreso en Italia- un tal Dominique, un colega y amigo de la pareja por el que se sentía desde algún tiempo atraída, y con quien tenía cierta complicidad, que el móvil lo apagó porque había discutido con su marido, y porque habían decidido aprovechar el congreso para meditar sobre lo de ellos, y ella aprovechó para clarificar lo que tenía con el francés.

Dicen que el congreso acabó antes de lo esperado, que su marido no pudo llamarla, que el móvil estaba apagado, que cuándo acudió a su casa, descubrió a Isabel y a Dominique juntos, que entró en una profunda depresión y que el mismo día por la tarde apareció flotando en el Manzanares a las afueras de Madrid.

Dicen también que Dominique se apartó de ella, que no quiso saber nada más, que incluso cuándo volvió a París, informó negativamente sobre Isabel, ante la pretensión de ésta de terminar una nueva técnica en el Hospital Tenon donde él ejercía.

Durante algún tiempo anduvo perdida, se vio obligada a cambiar de residencia, no salía, y solo meses después supo recomponerse y objetivar cuanto le había pasado.

Había decidido ser una nueva mujer. Aquel año, el de la foto, quiso asistir por primera vez a aquel rito, ir de romería a rendirse ante aquella imagen por la que guardaba desde pequeña una devoción que nadie le había inculcado. Así se dispuso, y con el arte que le quedaba se adornó con una flor y una peineta, y alli se fue, al recinto sagrado, esperando consuelo a tanto dolor.

En cambio, inesperadamente algo ocurrió, y sus ojos se fijaron en un ángulo concreto de la ermita, y todos sus fantasmas comenzaron a agitarse.


Imagen y texto: A.Morales


4 comentarios:

  1. La foto es preciosa, la del patio andaluz también, pero la de Isabel (así me llamo yo, jejejejeej) es fantástica, como tu relato a partir de una imagen casi anónima , es muy original. He disfrutado de esta entrada. Besos

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  2. Hola navegante:
    Qué pedazo de historia, qué fotos (las dos) qué capacidad de recreación y qué talento para narrar.
    Con tu permiso me pillo la del patio para mi uso exclusivo.
    Olé y olé.

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  3. Si en algo os conmovió la historia, sea pues. Saludos a los dos. Y Josep, si me pasas el mail (ya sabes que pase a MAC y he perdido mucha información, entre otra los mail's, que aun no se importar) me gustaría pasarte la del patio en sus tres versiones y te quedas con la que más te guste. Esta versión, digamos que está desnatada, y preferiría pasarte la versión original y su segunda interpretación en blanco y negro. Ya sabes, amoralesc@telefonica.net. Saludos.

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  4. Encantado. Mi mail es jjulian@interclaves.com
    Será un placer contar con las versiones de esa foto que me ha encantado.
    Mil gracias.

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