La amistad.




Al hilo de una propuesta fotográfica sobre "la amistad" para la cual elaboré la imagen que ilustra esta entrada se me ocurre hacer un auto-análisis sobre este asunto.

La amistad es algo verdaderamente complejo y suele basarse en las simpatías más o menos elaboradas y en las circunstancias compartidas. Viene a ser como un engarce en el que ambas partes colaboran o ceden parte de si para encontrar una figura nueva, que no pertenece a nadie sino a los que disfrutan de la misma.

Pero si es complicado aceptarse a uno mismo, con sus defectos y "virtudes", aún la amistad es más difícil, por cuanto no es una competición, ni un ajuste constante del fiel de la balanza, ni tener puntos comunes o discrepantes, la amistad debe ser algo tan libre, que roce todos los ángulos sin dejar que ninguno pida cuentas a cambio.

Debo reconocer que yo, como todos, he conocido toda clase de amistades. Unas más espontáneas que otras, unas más sentidas que otras, unas más deseadas que otras. Aunque debo confesar que mi incapacidad para mantener la complicidad me hace ser un pez escurridizo. La amistad a veces, por pura biología, deja de oír el rumor del partenaire y se ofusca en estancias en donde la confusión vaga a sus anchas, por eso hay que darle aire, espacio y oportunidades.

También reconozco haber conocido ese otro aspecto más cruel de la amistad, cuándo esta desaparece sin dar explicaciones, como el que sin más cambia de programa en la TDT, de libro de lectura o de ángulo de visión; aunque siempre hay una razón para todo y es posible que no logres saber a cual obedece.

La amistad cuando duele se vuelve histrionica, chirría y no olvida, aunque siempre es capaz de aletargar la memoria con una sonrisa, con una mano extendida, con un café compartido. La amistad cuándo se pierde y no obedece a ninguna causa compartida es lo más triste que puede ocurrirte, confieso que en más de una ocasión la he sufrido.

Aún así, la naturaleza del hombre -léase el genérico- es comunicarse con otros seres, y siempre hay quién está dispuesto a escucharte o a compartir un café en el mismo plano y viceversa.

No es que disfrute de una amplia gama de amigos, es cierto, los justos e incluso los mínimos, aunque a decir verdad mi caparazón ha hecho rebotar a muchos otros, por la suma de encuentros-desencuentros ya vividos.

La amistad es como un engarce de piezas, cada una de ellas es imprescindible para que funcione el mecanismo, si esto no ocurre, estamos hablando de otra cuestión y en ningún caso será de La Amistad.


Fotografía: A. Morales (c) 2009


VIII edición de Atlantica Visual-Art
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