Y mientras...



Y mientras te juegas la vida por sacar un puñado de euros, mientras tratas de arrebatarle al mar peces que te den oxigeno para continuar al día siguiente, mientras sorteas las olas que endiabladas juegan con tu escueta embarcación, mientras tu piel curtida se curte aún más con la ventisca helada del norte, mientras todo eso ocurre, yo solo me limito a chasquear mi máquina de hacer fotos, observar y contemplar el fantástico escenario en el que hombre y universo se entrelazan en una danza al cincuenta por ciento tan cruel como desigual. De un lado el hombre con su necesidad, expuesto al baile enajenado de la marea, de otra la inmensidad como un hombre solo y en medio de ambos, la esperanza de obtener a pesar de todo el premio buscado: algunos peces que hagan posible pagar el café de la tarde, la sopa de la noche, o el pequeño coche de bomberos con el que sueña su nieto José, aunque él no sabe todavía que el mar será su juguete favorito, su mejor compañía, su pasado, su futuro.

Y mientras todos esto ocurre, y casi al mismo tiempo, tus cuencas estarán cada vez más secas, y yo miraré desde arriba como la tierra te acoge y te envuelve y como todos los símbolos ahora no tienen importancia, y apenas sentido. Tus cuencas negras ya no podrán ver este espectáculo. Solo los generosos son capaces de estar presentes y ausentes al mismo tiempo.

En cualquier hospital, el enfermo de la cama 123 vuelve en si, recupera la cordura por un instante, cesa el incombustible dolor, observa con serenidad su alrededor, y en un último rictus cede y duerme plácidamente abandonado, aspirado, vaciándose, dejando espacio a otro enfermo.

Y mientras, allí en el mar, seguirán las olas, seguirá la marejada y seguirá la lucha por la supervivencia, mientras nosotros buscaremos el regalo más original, el último libro de pensamientos más recurrentes, trataremos de conseguir la mejor mesa, el mejor jamón, el mejor vino.

Y casi al unísono, tu piel se secará, tu nariz se afilará y tus cuencas ya estarán salpicadas de tierra, y tus ojos no podrán mirar jamás, y yo desde arriba te hablaré del mar, de sus marineros, de sus leyendas, de los monstruos que en ella habitan, y tú en donde estés solo podrás mantener la mueca del adiós, sin más compañía que tu arrogancia.


Fotografía: A.Morales (c) 2009

2 comentarios:

  1. Amparo Carballo Blanco23/12/09 12:20

    El mar no es un paisaje... La vida, tampoco. La muerte, tampoco. Yo no sé quién inventó la vida, ni quién impuso la muerte. Pero el HACEDOR del invento es peor que malo-la.

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  2. Hola Amparo, grata e intensa compañía. Cierto es que ese hacedor además de olvidadizo es desordenado. Alzo un brindis por lo que a ti te toca. Que todo mejore. Besos amiga.

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