Sobre las sombras y sus enfermedades.


Desmayado, léase perder el mayo, color, emoción, ilusión.
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Los seres humanos sufrimos todo tipo de síndromes o trastornos psicológicos, unas veces en respuesta a estímulos físicos y otras a los afectivos.

Un cambio en el hábito alimentario, en el circulo social, en el modo de vestir o simplemente hacer justo todo aquello que nos fue negado por nuestra sociedad más inmediata, puede dar como resultado un giro inesperado en esa espiral que nos atrapa, y nos vuelve seres inanimados, y absurdame ajenos a la vida. No hay justificación para dejarse atrapar. Nada merece la pena para ese sacrificio. El genuino espíritu de rebeldía que nos caracteriza debe prevalecer para romper el hechizo maldito.
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Desalmado, léase cruel, falto de conciencia, bárbaro, sanguinario.
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Imagen: composición subrrealista, tomando como base una fotografía de Louisa Northcott, madre del condenado Gordon Stewart Northcott, que admitió haber asesinado a Walter Collins.

Fue condenada a cadena perpetua en la prisión estatal de San Quintín, aunque se cree que Northcott había coaccionado a su madre para cometer el asesinato. En el número de la revista Time del lunes 11 de febrero de 1929, se informó de que «Gordon Stewart Northcott, mientras que era juzgado por abusar y asesinar a cuatro niños, escuchó testificar a su madre que no era en realidad su madre, sino su abuela».
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Solo una "l" o una "y" modifican las palabras para construir desmayado o desalmado. También cualquier aparente insignificancia pueden modificar nuestra personalidad.
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A.morales (c) 2009

Ensueño. Delirios I.

Soñar es un proceso mental involuntario en el que se produce una reelaboración de informaciones almacenadas en la memoria.
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(c) Adolfo Morales.

Hotel Granada X. El casting.



El casting de la calle Mora Claros o Botica según se diga.



Un rasgo típico de mi personalidad es la independencia con la que me enfrento a cualquier experiencia, soy capaz de formar parte de cualquier grupo siempre y cuando este factor de autonomía no tenga que ser defendido.


Esta facultad posibilitó mezclarme en muy diversos ambientes, conocer a gente de diferente pellejo, y no encontrar nunca mi lugar exacto.


Bien podría entenderse que era una forma de no dejar al descubierto las sombras que me acompañaban, por aquello de la debacle familiar, aunque si he de ser sincero, no había nada de lo que avergonzarme y mucho de lo que enorgullecerme, y en honor a la verdad, no creo que me faltase nunca de nada, aunque si hay que decir, que faltó todo aquello que representase cantidad, calidad, equilibrio, bienestar o nivel social, por lo demás, el pero lo ponían los demás, con su modo de mirar, de adjetivar o de curiosear sobre aquel escándalo -para la época lo fue- por el que una familia se rompía y una mujer se veía en la obligación moral y física de trabajar como nunca lo había hecho, con tal de sacar adelante a sus hijos, sacrificando a partir de entonces toda una vida de nuevas oportunidades. ............

Nunca habrá manera de agradecerle a mi madre, el coraje con el que se enfrentó a aquella situación, tantos días de desesperación, tantos días de lágrimas mezclados con canciones que tarareaba al hacer el almuerzo y que el tiempo fue amortiguando y sellando para un día dejar de hacerlo.

Días que pasaron factura de muy diversa forma, en los que sobre todo se mantuvo el honor, la mirada limpia, alta y el enorme cariño que nos tuvo.

Era curioso por no decir ridículo, como tenías que oír una y otra vez, referencias sobre quienes eran mis padres.

Digamos que la "estabilidad familiar" de la que los otros hacían gala de puertas afuera, les otorgaba la arrogancia de sentirse diferentes, o de estar en una posición mejor.

Que miserables somos los seres humanos y que ruines, por no decir que ingenuos.

Esta actitud de los adultos, me hizo comprender y reaccionar cada vez con más soltura, ante envites de esa clase, y fue otro punto de inflexión en la madurez de aquel niño "Adolfito", el "hijo de Morales, Tailor Shop", o de "Pepita la modista".


Quienes sí supieron guardar para ellos la curiosidad y abstenerse de preguntar en primera instancia fueron los vecinos de la calle en la que vivíamos, con los que manteníamos una prudencial distancia o una afable cordialidad según el caso.


La calle en su esquina más cercana a la Iglesia de la Concepción, la comandaban la tienda de tejidos de Toribio, junto a ella el refino atendido por los hermanos Simón y Pepe, que tenía un larguísimo mostrador de madera.


En frente los Mascaros, con sus rudimentarias novedades eléctricas, como los primeros tubos fluorescentes, o las bombillas Philips y Osram. Muy cerca, la tienda-taller de las máquinas de escribir Hispano Olivetti, y más tarde solo llamadas Olivetti, con su equipo de mecánicos, que siempre tenían las manos llenas de grasa o manchadas de tinta.


Aquellas rudimentarias máquinas, tenían un complicado conjunto de brazos mecánicos, que dejaban impresa las palabras al presionar sobre las teclas y éstas golpeaban sobre una cinta entintada. Las cintas por lo general de color negro, tuvieron también su evolución y surgieron unas que eran mitad negras mitad rojas, eran un auténtico esnobismo, un signo de distinción, que permitía escribir con dos colores y no era frecuente verlas, el mal uso o un reciclaje inadecuado, terminaban dejando unas letras impresas de dos colores a la vez o una mezcla un tanto extraña. Esto mismo sería lo que las avocaría a desaparecer tiempo después.


Las articulaciones de metal, del constante golpeo, terminaban con lesiones, y los tipos solían salir disparados y había que soldarlos, así como ajustar el conjunto compuesto por multitud de piezas y cuyo engarce y engranaje solo era posible coordinar, en las manos de aquellos minuciosos obreros, cuyos servicios se demandaba en ocasiones para ajustar otras marcas, a saber, Olympia, Hammond, Royal, Underwood, Continental, o Remington, que venían del extranjero y que no disponían en Huelva de apoyo técnico.


No hace mucho me cruce con uno de aquellos hombres, posiblemente aprendiz por entonces, iba acompañado por la que bien podría ser una hija suya, y parecía haber perdido la cabeza, quien sabe si enajenado por los misteriosos secretos de aquellos ¡tic!, ¡tac! que tuvieron que serle familiares durante tanto tiempo. Ya nadie recuerda aquel ¡clíng! anunciando que la línea en la que escribíamos se estaba acabando, pero aquel sonido metálico al igual que el común claqueteo de las máquinas al escribir invitaba a inventar historias o escribir poemas.


Siempre fueron algo estirados en la Olivetti, y no dejaban que los niños como yo fisgoneáramos mucho por allí, siempre acababan echándonos, aunque alguna vez conseguí algún rollo de cinta con el que diseñe alguna maldad infantil, como colocar amarrada la cinta de extremo a extremo de la calle, impidiendo el paso, y esperar. Era cuestión de tiempo, ver como al llegar a la altura de la cinta, los más se decantaban por asirla con la mano y levantarla para pasar, encontrándose con la ingrata sorpresa de embadurnarse los dedos de tinta, al mismo tiempo que escudriñaban con la mirada al autor de aquel invento, contener la respiración y la risa te salvaban de más de un tirón de orejas.


En la misma acera y frente a mi casa, residía la "misteriosa familia de Dombido". El padre de Luis Dombido, fue el precursor de los autobuses urbanos en Huelva, dirigía a los llamados "amarillos", un giro linguistico para denominar a aquellos "autobuses" pintados de ese alegre color, y que al parecer, por carecer de paradas obligatorias, montaban a cualquiera que se cruzara en su camino si así se lo demandaban. Parece ser que este negocio lo vendió y fue el origen de su decadencia. Una familia muy discreta, de vida interior, salvo excepciones. En la casa vivían su esposa, ya viuda, su hijo, el famoso Luis Dombido y su hermana, la mujer rubia que tocaba el piano.
Conocido el gusto por el sexo femenino del joven Dombido, de profesión ninguna, fue durante toda su vida un fiel Don Juan, siempre cortejando o diciendo alguna frase a las jóvenes y más tardes señoras a las que con sus maneras trataba de ganar en simpatía, como primera fase para ganarlas en confianza y así sucesivamente. No desaprovechó ocasión que incluso piropeó a mi madre, y ella reía de la cara que echaba, cuando le decía.. “siempre solita, siempre solita” a modo de saludo cariñoso, adivinando sus intenciones.


Su hermana, una mujer madura, con la que me cruzaba en ocasiones, siempre resultaba extraordinariamente misteriosa. De piel muy blanca y siempre muy empolvada, en su cara destacaban sus labios pintados de un color carmín intenso, y su cabello teñido de un rubio muy brillante, y todo el conjunto envuelto en trajes negros o muy oscuros, lo que producía un fuerte contraste, a pesar de su pretendida discrección.


De tarde en tarde, compitiendo con el campanario de la iglesia, tocaba el piano, retumbando en toda la calle, momento que solía dejar abierto el balcón. Alguna vez la vi cómo me miraba, cuándo me descubría escondido espiandola. También recuerdo salir despavorido absolutamente abochornado.


Frente por frente como queda dicho, vivíamos nosotros en aquel ático de realquiler, teniendo como vecinos en el piso principal y casero al médico Don Daniel García Carbonell, del que ya tendré ocasión de hablar.
Pared con pared, la finca lindába con el Palacio Arzobispal que en septiembre de 1955 y con carácter provisional fue residencia del primer obispo de la ciudad, Pedro Cantero Cuadrado. En más de una ocasión, aprovechando la cercanía de la terraza. Mi padre y el obispo hablaban al sol del mediodía y nadie sabe de qué a ciencia cierta, lo cierto es que a uno casi lo lleva al cielo de los altares y al otro al cielo de París.


En mitad de la calle se situaba la sastrería de mi padre, y junto a ella, La Casa de los Alpresa.
Un santuario del cante y de las peleas de gallos, el conocido BAR ALPRESA, una taberna andaluza como los Álvarez Quintero jamás pudieran haber dibujado mejor. Si bien disponía de un pequeño mostrador de barra a pié de calle, en donde tomar olorosos, finos y mistelas, su interior se dividía en varios salones, repletos de mesas y sillas de énea.
Pero la perla de aquella casa, era su formidable patio, sobre el que se construían gradas, y en el que predominaba su platea central, un pequeño círculo, donde se llevaban a cabo peleas de gallos, y en el que las apuestas significaron un motivo de vida social, muy a la usanza de la época, donde los varones de la ciudad se pavoneaban de sus éxitos personales y profesionales, donde la supuesta hombría se mezclaba con interminables copas, y donde caldos del Condado o de Jerez, aceitunas, chocos, gambas blancas y jamón de Jabugo, fueron en muchas ocasiones banquetes habituales de aquellos hombres, que terminaban ebrios y perdiendo la compostura, con la billetera escocida, el orgullo por los suelos, y guardando en la retina la pelea de gallos que les llevó a la gloria o a los infiernos esa mañana de domingo.


Toda una liturgia envolvía aquel ambiente solo para adultos, aunque en ocasiones, te escurrías en el patio.
Así de primera mano, se observaba como llegaban los "domadores" con sus alumnos en brazos, y como llevaban enfundadas la cabeza y el cuello, para que estas aves, no atacasen ni se pusiesen nerviosas hasta el momento mismo de la pelea, instante en que ambos contrincantes se verán por primera vez. Su misma naturaleza les dice que solo uno de los dos saldrá vivo de aquel letal encuentro. Unos esplendidos machos de colores muy vistosos y alas atrofiadas, ligeramente recortadas, para que solo puedan dar saltos durante la pelea a muerte. La pelea comienza y llegar con el pico al cuello del oponente es la clave, incluso afectarle los ojos, con un golpe certero ayudaría a hacerlo más vulnerable.


Mientras, a su alrededor las apuestas, los vapores del vino, los comentarios harán felices a aquellos hombre que en los inicios de los años sesenta, vivían las Peleas de Gallos como un acto lúdico-festivo sin la menor sombra de crueldad tal y como hoy la interpretamos.


Justo enfrente de la Casa Alpresa, se situaba la Peluquería de señoras de los Fortes, el olor de la laca cuándo al pasar coincidías con algúna cliente, era lo que hacía tan peculiar ese espacio reservado solo a señoras.
Más adelante, La Barbería. Aquellos dos personajes, el maestro y su ayudante, ambos barberos de los de brocha y navaja eran extraordinariamente afables y curiosos.
Por allí pasaba toda Huelva, y al igual que ocurriera en la peluquería, estaban al tanto de cuanto ocurría en la vida social no ya de la propia calle, pues los hombres, entre hombres se contaban sus cosas al mismo tiempo que sondeaban y oían lo que se decía de ellos.
El maestro, un hombre regordete, ajustado a su corta estatura, casi calvo, de amplia sonrisa y de una cordialidad muy acorde con su posición social, por cuanto era conocedor de que profesionalidad y discreción iban de la mano, siempre te recibía de buen grado y con un gesto que te invitaba a dejarte llevar.
En el extremo opuesto, lindando a la calle Puerto, quedaba de un lado la Botica de los Figueroa, una farmacia que llegó a competir con su vecino de enfrente el Conde de Mora Claros, en la denominación popular de la calle.
En un referéndum improvisado, siguiendo las reglas de Ferdinand de Saussure, la gente redenominó coloquialmente a la calle como Botica, aunque desde Septiembre de 1922 se rotuló con el nombre de su vecino el Alcalde además de ilustre prócer Antonio de Mora Claros.
Mucho tiempo antes, Eduardo Figueroa, fue quien instalase la primera botica de Huelva, dando origen a aquel reconocimiento, popularidad y denominación.


Por poco tiempo también se llamó Tetuán, es de suponer que para dar gloria a la toma de esta ciudad africana, por las tropas españolas comandadas por el General O'donell andando el 1860, un breve espacio que la gente se encargó de resarcir y mantener el lance entre las dos populares denominaciones en disputa.


Como homenaje, ante la repentina muerte de Antonio de Mora y Claros, ex-alcalde de la ciudad, que tenía aquí su vivienda palacio, la calle paso a denominarse Alcalde Antonio de Mora Claros.


Fue el arquitecto José María Pérez Carasa, muy vinculado a Huelva, y cuyo sello sigue presente en los escasos edificios que se han salvado de la especulación, quien diseñó una soberbia vivienda a finales del siglo XIX junto a Moisés Serrano, con marcado carácter historicista o neoclásico y muy sobrio en el interior pero con diferentes elementos modernistas. Por entonces su viuda era su única inquilina, una mujer muy discreta que apenas se dejaba ver y muy ligada a la iglesia.


Un ala de los bajos del Palacio, se habilitó como Biblioteca Pública, con patrocinio del Ministerio de Educación Nacional que dirigía el catedrático D. Antonio Palma Chaguaceda.


La calle y sus personajes donde todos teníamos un papel, un drama o una comedía según los días, nos invitaba a ver el mundo con ángulos muy diversos, pero todos con una raíz común, la calle que nos acogía.



Una veces Botica y otras Mora Claros, servía tanto para ser actor como espectador, de fondo las señales horarias marcadas por el campanario o las armoniosas notas del piano de la hermana de Luis Dombido, ponían la banda sonora, al mismo tiempo que éste se ajustaba la chaqueta, la corbata y el sombrero, con una elegante y estudiada pose, dispuesto una vez más a descubrir la ciudad.



Quiere seguir la história?

Hotel Granada. IX.

De los juegos que nos condujeron a Kennedy.

Podría ser que la protusión discal tenga su origen en aquellos juegos, alguno de los cuales se me antojaban algo salvajes.


Cualquier actividad física asociada como tal al deporte, si llevaba aparejada la competitividad per se y si adicionalmente tratase de ocupar el centro de todas las cuestiones de interés, arrogándose el derecho de anular cualquier otro asunto, junto a la incipiente lesión de espalda y al rechazo frontal del esquema del chico-tipo, me hicieron observar este fenómeno, el lúdico-deportivo con otros ojos más cercanos a la observación sociológica.
Bien es cierto, que aun hoy, siguen siendo otros los motores que me conmueven y me hacen reaccionar, no obstante a pesar de ello también creo, que esta incipiente lesión de un modo u otro fue argumentando los contras frente a los pros, por cuanto en algún grado, esa lesión marcaba una predisposición de reserva ante cualquier actividad ludico-física.

Para cuando el Real Madrid, el Recreativo o el Atlético de Bilbao eran referentes culturales, en mi caso, por estas u otras prioridades, la actividad física o deportiva, si no era para divertirme no correrían de la mano de mis preferencias. Las inquietudes de aquel chico pasaban por otras experiencias, no necesariamente mejores o más sanas.
Bien es cierto, que la capacidad física de muchos de aquellos chicos, más bravos, atléticos y ágiles que yo, representaba además un hándicap añadido.
Lo cierto es que además de subir los cuarenta y cuatro escalones que me conducían desde la calle a mí casa en un santiamén o bajarlos primero de dos en dos, después de tres en tres y al final casi volando, pues agarrado a la baranda saltaba de descansillo en descansillo y alguno de ellos podía llegar a tener hasta 8 o 9 peldaños. Resuelto este digamos hito deportivo, el resto fue mucho más ceñido y lo que practicaba era por una cuestión de subsistencia social en espera de mejores oportunidades.

El patio de recreos del Colegio San Casiano, se organizaba alrededor de su otrora fuente y .... hoy lejano recuerdo de lo que pudo haber sido en otra época, ordenaba en torno al mismo, unos jardines muy abandonados, que a duras penas dibujaban la simetría de un intento fallido de distribución racional. La superficie en su conjunto no mantenía el mismo nivel en altura, pues era ligeramente ascendente en sentido este-oeste, quedando la fuente aproximadamente en la mediatriz del conjunto. De todo aquel espacio destacaba en la parte más alta y junto a los guardamuebles, una hermosa y enorme jacaranda, tan grande que elevaba su copa por encima de los 15 metros, y que además de ser cobijo de pájaros de muy diversa procedencia, nos proveía de una enorme sombra que hacía de aquel rincón, el lugar preferido para jugar.

En este pequeño círculo social, se suscitaron los primeros escarceos propios de la personalidad, aquellos juegos iniciáticos de inocentes mozalbetes se mezclaban con otros que te introducían en nuevos y más rudos, propios de incipientes chicos o proyectos de serlo.


Y es que hasta en los juegos, hay influencias, así el liderazgo en algunos casos, lo determina el más bestia, digamos sobre los más tímidos. Unas veces por serlo y otras por no estar en condiciones físicas equivalentes como para contrarrestar este tipo de presiones. A estas alturas ya supondréis en qué equipo jugaba yo. Exacto, en el de los endebles, los perdedores o los fracasados en estas lides, dicho sea con total honestidad y sin el menor asomo de envidia.


Chicharito la Haba, pronunciado de manera que “haba” sonase “java” y que fuese la parte de la frase en la que dominase el acento, como su nombre indica, y su silabeo ya lo dejaba intuir, era un juego, uno de aquellos especialmente bravos y algo cruel, a los que todos jugamos alguna vez y que todos temíamos, sobre todo si eras del bando de los débiles.

Si tratásemos de dibujar una imagen, podría querer simular a una vaina de habas. Si la abrimos vemos como en su interior los granos se distribuyen pegados unos a otros, formando un fila casi recta. Pues el juego se representa más o menos así, el equipo perdedor y que tiene el reto de la partida –si gana, se invierten los términos- lo forma un primer chico que se sitúa de pie, apoyado sobre la pared, un árbol o cualquier superficie vertical, que actúa como amortiguador del primer jugador. A él se agarra a la altura de la cintura un primer chaval, por lo que debe bajar la cabeza y dejar que su espalda, sea lo que quede dispuesta para recibir a los contrincantes. Tras este primer jugador, se apostan de la misma manera tres, cuatro y hasta cinco jugadores más.

El equipo contrario debe ahora coger carrerilla y saltar, como si se tratase de saltar al potro, es decir, apoyando las manos sobre la espalda del último jugador del equipo contrario y trata de elevarse para tratar de llegar lo más cerca de “la madre” –el jugador que queda en pié-, tras él los demás saltan con la misma intención, una vez arriba todos, el juego consiste en contar hasta veinte para ver quien aguanta más, si los que están abajo o si los que están arriba.

Los de abajo deben solventar el problema de que un mal salto haga que sobre un mismo jugador se acumule el peso de dos o más del equipo saltador, y los de arriba, deben a su vez, solventar que se haya producido una agrupación atípica o no hayan caído en la mejor de las posturas, quedando escorados de un lado, propiciando que no haya el adecuado equilibrio.
El juego llegaba a ser muy duro, si frente a ti, estaba el equipo de los chicos más fuertes, gordos o brutos, que no tenían ningún miramiento al saltar sin pensar en ninguna consecuencia, dejando caer todo el peso sobre los chicos de abajo. La cuestión era pasar un buen rato, y el disfrute era total cuando sobre todo se producía este sometimiento, esta exaltación de la rudeza, algo que se asociaba a una confundida masculinidad. Gastar unas risas, a sabiendas de estar a buen recaudo en el equipo mejor asociado, era una garantía para salir bien parado y ahí estaba el quid de la cuestión, había que trabajarse al líder y a sus simpatizantes para ser uno más o pasar por serlo.

Esta fórmula de poder, que dejaba al equipo de los débiles “tocado” a veces, pudo haber tenido consecuencias sobre las enclenques columnas, y vete a saber si ya desde entonces, me viene este incomodo, aunque leve sin dejar de ser constante dolor en esta zona, vete a saber si en alguna de aquellas recibidas, la envuelta fibrosa del disco se escapó un poco, tal vez sometida a aquellas sacudidas.

Ser observador tiene sus ventajas y sus riesgos, pues no puedes solo asomarte a curiosear, admirando cómplice al líder del juego, con el único ánimo de “ser colega sumiso”, para pasar desapercibido y no participar en el juego. El líder para probar su poder, suele tratar de dominar a todos sus oponentes, lo sean o no, farolear, lucirse o pavonearse son sinónimo de líder, tomados en el término más hosco de su significado, y tarde o temprano pierdes la gracia y eres uno más, traté de alargar todo lo que pude la coyuntura, a sabiendas que sería descubierto. Y así es que un día, quién sabe si por cuestiones climatológicas, ambientales u hormonales, el líder me hizo ser uno más, perdiendo aquella gracia que me mantuvo al margen y experimenté en carne propia aquellos sobresaltos, que más bien definiría como bajosaltos, por cuestiones obvias.


No solo “disfrutábamos” del placer de aquel juego, el más destacado entre todos, debido como ya habréis acertado a la mezcla de dominación/liberación que el mismo promovía, pues no siempre ejercías de receptor y no voy a ocultar que mimetizados, sentías la misma o parecida satisfacción, cuándo eras tú quien caía con todas tus ganas sobre las espaldas de los que habitualmente mandaban, al fin y al cabo, seguíamos siendo niños, y el juego predispone a la alternancia en los roles.

Calmada, ausente, iluminada, casi privada, con la constante música de las gotas al caer, la fuente proponía otras alternativas, éstas más naturales podríamos decir.

Si te arrodillabas junto a ella, tu cuello quedaba justo a la altura del pequeño muro hexagonal del estanque, por lo que podías contemplar con absoluta claridad lo que dentro de aquella pila ocurría.

Así el fondo se mecía levemente con una vegetación escasa y parda que parecía más bien suciedad, aunque no lo era. La lamina de agua reflejaba el cielo y jugando con la palma de la mano distorsionabas la imagen que iba y venía, se deformaba y volvía a recomponerse, pero el mejor secreto eran las sanguijuelas que allí tenían su hábitat natural, pequeñas lombrices rosadas de aproximadamente 5 centímetros, que viajan de una pared a otra dibujando “eses” que se contraían y estiraban para viajar en aquel inmenso aunque diminuto océano.

Si dejabas tus dedos dentro del agua algún rato, alguna terminaba acercándose y pegándose. No resultaba difícil jugar con ellas, provocándolas remolinos que las hacían dar vueltas y más vueltas, o engañarlas cuando estaban a punto de tocar la yema del dedo, tampoco era difícil despegártelas, un poco de zumo de limón bastaba, aunque al principio tenías que superar los miedos, -una prueba más de madurez- de cuantas leyendas corrían de boca en boca, sobre los beneficios o perjuicios que tenía que aquellos pequeños monstruos marinos terminasen adheridos a tus manos.


Para terminar de completar el cuadro, otros grupos se disponían a hacer bailar al trompo, aquellas peonzas de madera con punta de acero, el cordel de no más de un metro y la moneda de dos reales, las que tenían un pequeño agujerito en el centro, y que servían como tope de la cuerda, así se entrelaza entre los dedos, por fuera de la palma de la mano, y al lanzar la peonza quedaba perfectamente enganchado a la mano.


Los más resueltos mecánicamente lo bailaban con suma destreza, incluso los mejores eran capaces de hacerlos saltar por el aire para terminar recibiéndolos en la palma de la mano. Más adelante vendría personalizarlos con colores y chinchetas, con diversa suerte como corresponde y para culminar aquella progresión y control sobre el juego, aparecieron, como no aquellos trompos ”asesinos”, cuya punta se afilaba tanto que si cuando lo tirabas, impactaba sobre algún otro, éste quedaba quebrado, roto, partido en dos de la misma manera como terminaba tu pequeño corazón contemplando la escena que nunca hubieras imaginado que ibas a presenciar.


En una esquina, muy a resguardo del paso, con más sosiego, se establecía la pista del “juego de las canicas o de las bolas”, aquellas esferas de cerámica de fresco y suave tacto, cuyo objetivo era alcanzar un pequeño hoyo, lanzado hacia él la bola en juego, construyendo una figura con las dos manos, ganando distancia al apoyarte primero con el dedo pulgar y después con el meñique y de ahí su sustantivo, mediante una maña que compartían los dedos pulgar y índice, realizabas el lanzamiento de la bola.

Una vez alcanzado el hoyo, tenías derecho a realizar la misma maniobra y acercarte hacia alguna bola oponente y lanzar la tuya con el objetivo de golpearla, y así ganar el tanto. Más tarde vendrían las partidas de “la aposta”, que no dejaba de ser un reto, pero que como todos los juegos en los que medie el interés, se recrudece y se tensa. Así si aceptabas el reto de jugar a “la aposta”, aceptabas que quién golpease la bola contraria, la ganaba en propiedad.

Creo que en 5 minutos llegué a perder no menos de siete bolas, aun lo recuerdo y creo que todavía no lo he superado del todo.

Aparte de otros juegos muy populares, en Huelva se solía jugar mucho al “pañuelo”, aquello de decir un número y entre dos oponentes, arrebatar un pañuelo situado en un punto intermedio, y tratar de regresar a “tu casa” sin que el otro te tocase, o el “pincho”, más peligroso y que precisaba de ciertas dosis de habilidad, pues consistía en lanzar una especie de navaja o navaja, sobre un circulo dibujado en la tierra. Una vez lanzado y si se quedaba clavado, te daba derecho a dibujar una línea, haciendo coincidir las paredes de la circunferencia con el punto que señalaba el lugar donde se había clavado, ganando territorio con cada tirada que acertabas, así hasta llegar a hacer que toda la superficie fuese tuya.

Pero a mí, el juego que más me gustaba era “la bombilla”, en él podían participar todos los que quisieran, y era una mezcla de habilidad, algo de misterio y cierta capacidad intelectual a los que se le añadían algunas dosis de expectación en el desenlace, además de no ser violento y de no basarse en la dominación del oponente.

Para jugar a “la bombilla”, había que dibujar con una tiza en el suelo una especie de eso, de bombilla, una gran circunferencia y una especie de cuadrado a modo de casquillo, que era donde se situaba “la madre”, él era el que determinaba el tema, y la palabra secreta, así por ejemplo sin que nadie más le escuchase decía al oído del primer jugador, “nombres de ríos que tengan la vocal “e”, y a continuación la palabra que ningún jugador podía nombrar o perdería de modo directo, así por ejemplo añadiría el Ebro.
A continuación los participantes, saltando a piola, irían cantando nombres de ríos que cumpliesen la condición y que al mismo tiempo no coincidiera con la palabra secreta.
Cantábamos el nombre elegido, y entrando al interior de la bombilla, quedábamos quietos, sin movernos en absoluto, esperando que el siguiente jugador, hiciera lo mismo en su turno, momento que aprovechabas para dando un salto a la vez, buscar un punto más distante de la “madre”, teniendo en cuenta una condición adicional, la de que ningún jugador del interior de la bombilla podía tocar o rozar a otro jugador. De este modo repasabas asuntos de los más variopintos, incluso servía para tomar conciencia de alguno de ellos de los que al principio no tenías ni puñetera idea. Los nombres de los accidentes geográficos, futbolistas o cosas que pudiera haber en la casa, solían ser los más habituales.

Una vez todos los jugadores dentro de la bombilla, quietos según hayan quedado tras el último salto, “la madre”, tenía que decir la palabra “bombilla” de una vez o con trampa y todos los jugadores debían salir del interior, si alguno era prendido por él, sería la próxima madre, ocuparía su lugar, elegiría el tema y la palabra secreta.

Respecto al deporte propiamente dicho, por aquel entonces, los campos de fútbol –el deporte rey- se situaban en cualquier sitio, no existían establecimientos o centros dedicados de modo profesional, los más aficionados iban a las marismas del “Titán”, un lugar bastante distante y algo complicado para llegar, por cuanto tenías que pasar las vías del tren de la línea Huelva-Sevilla.

No había mejor sitio para jugar al “fútbol” que hacerlo en la Plaza de las Monjas, este rincón de la ciudad, debe su nombre al convento de monjas agustinas de Santa María de Gracia que se encuentra en una de sus esquinas. Es la plaza principal de la ciudad , donde en la antigüedad se hacían corridas de toros y que andando el tiempo y tras diversas reformas cambiaron su aspecto y la dotaron de un templete para la Banda municipal. En uno de aquellos conciertos mis padres dieron ese paso que más tarde les consagro como pareja y algo más adelante como marido y mujer. Cosas de la música.
Allí, en esa plaza, jugábamos al futbol. Casi siempre confeccionábamos las pelotas con papel de periódico bien envuelto y apretado, y finalmente amarrábamos con alguna guita.
Aunque no era una esfera perfecta, daba lo justo como para echar 10 o 15 minutos, hasta que en un despeje, saltaba por los aires toda aquella obra de arte. Las farolas fueron las primeras porterías.
Mucho después, jugando y haciendo centro de nuestra infantil vida social aquella plaza, reconocí en aquella niña de piel morena y ojos negros, una simpatía especial, aunque estuviese vetada para mi, a Emilia como se llamaba, llegué a caerle bien, incluso alguna vez la acompañé a su casa, pero eso ocurrió más adelante.

A Emilia le brillaban los ojos y cuando sonreía sus dientes blanqueaban su cara. Hasta entonces, no digo que no tratase a otras niñas, pero creo que hasta aquel día no deparé en ninguna de ellas.

Por entonces era habitual oír hablar de Vietnam y de los americanos, la radio en sus boletines no dejaban de pasar noticias, y solía ser con la que abrían las crónicas del resto del mundo, pero lo que resulto realmente impactante, fue aquel aciago anuncio que dejo paralizado a todo el país.

El 22 de Noviembre de 1963, fue asesinado el Presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy.

Todos los boletines, en sus emisiones horarias y multitud de especiales, no dejaban de hablar de otra cosa. Todo el país se heló, y aún hoy, muchos de aquellos corazones siguen haciendose preguntas.

La radio informaba... A las 11.40 el AIr Force One aterrizó en el aeropuerto Dallas Lovefield, después de un corto vuelo que ha realizado desde Fort Worth. La comitiva presidencial se pone en marcha hacia el centro de la ciudad de Dallas. Durante el trayecto la comitiva tiene que realizar varias paradas para que el presidente salude a la gente.

A las 12.30 entra en la Plaza Dealey y avanza por la calle Houston, en ese momento lleva 6 minutos de retraso. En la esquina de Houston Street con Elm Street la comitiva debe realizar un giro de 120º a la izquierda, lo que obliga a la reducción de la velocidad de la limusina.

Tras pasar Elm Street queda frente al edificio del Almacén de Libros Escolares de Texas, a una distancia de 20 metros nada más.


Al pasar el almacén se escucharon disparos, el primer disparo de tres que supuestamente haría Lee Harvey Oswald, impactó en el craneo del Presidente destrozándole la cabeza con pérdida de masa encefálica, las lesiones eran tan graves que no se pudo hacer nada por su vida.

La Comision Warren fue un eco constante en aquella investigación, no paso ni un dia, sin conocer algún dato más de aquel magnicido.

Aquella tragedia internacional, nos dejó atónitos, parecía que nos ocurría a nosotros mismos, tal era el apego con el que el Régimen trataba a su mejor "aliado", los Estados Unidos. No salíamos de aquel sobresalto cuando dos días despues, el presunto asesino Oswald, fue a su vez asesinado por un policia, Jack Ruby cuando era trasladado.

Aquello si que fue pegar un estiron. Por meses, toda la sociedad tenía un punto común ajeno a nuestra tragedia nacional, y ese momento fue como abrir una puerta que hasta entonces habia estado cerrada, y es que vivíamos dentro de un mundo lleno de tragedias y posibilidades.


Lovers go home! * Benedettti.

Ahora que empecé el día
volviendo a tu mirada,
y me encontraste bien
y te encontré más linda.

Ahora que por fin
está bastante claro
dónde estás y dónde estoy.

Sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola,
que del vecino
territorio del amor,
ese desesperado,
empezarán a mirarnos
con envidia,
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos.
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Imagen: Marismas de Bellavista (Aljaraque). Adolfo Morales (c) 2009

Pequeñas deudas: Casa Lucio.

Es la voz popular la que dice, que quien no ha comido en Casa Lucio no conoce la gastronomía madrileña al cien por cien. Además de un referente, su peculiar estilo de tratar sartenes y cacerolas, y los más de 34 años ejerciendo la mejor restauración tradicional, hablan a todas luces que comer en Casa Lucio es una pequeña deuda que tienes con tu paladar.

Sin necesidad de apostillar que sea el restaurante preferido del Rey don Juan Carlos, amigo personal de Lucio, y uno de sus mejores clientes, por este local han pasado políticos, intelectuales, artistas (Zapatero, Rajoy, Gallardón, Casillas, Javier Bardem, Beckham, Tom Cruise o Penélope Cruz, entre muchos otros..), cuyo epicentro simplemente ha sido disfrutar de una buena compañía y de una excelente comida.

En nuestro caso, unos Callos a la madrileña (exquisitos), Huevos estrellados (del mejor estilo Lucio), regados con un estupendo rioja marca de la casa y un arroz con leche casero ( rico, rico), hicieron que el almuerzo discurriese a través de la mejor de las sinfonías. 10 sobre 10.
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Si tienes pensado ir a Madrid, no lo dudes, llama y reserva con tiempo, no te arrepentirás.
Ah¡, de coste muy equilibrado, no te sorprenderán.
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Cava Baja, 35 · Madrid
T.91 3658217/ 91 3653252
H.13´15 -16 /21' 00 -23´30
Cierra: Agosto y Sábados mediodía

FOTOPROTESTA en la Universidad de Huelva.

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La Escuela de Enfermería de la Universidad de Huelva, ubicada en el campus de El Carmen, acoge en su hall de acceso, del 13 de Mayo al 27 de Mayo de 2009,
la exposición fotográfica itinerante 'Fotoprotesta'.

Por una Huelva sin contaminación
organizada por la Plataforma Mesa de la Ría de Huelva.
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PARA SABER MÁS, HAZ CLIC SOBRE LA IMAGEN.

Una historia de amor. Palacio de Linares. Madrid.

Según cuenta la leyenda maldita que tiene su origen entre la aristocracia madrileña del siglo pasado, el marqués José de Murga y Reolid Michelena y Gomer, nacido en Madrid, el 13 de febrero de 1833, se había casado sin saberlo con su propia hermana, Raimunda Osorio y Ortega.

Dicen que Raimunda era la hija de una cigarrera hacia la que había sentido una especial atracción el padre del Marqués, un riquísimo financiero de la época que amasó una inmensa fortuna en Cuba.

Madrid fue presa de bulos, cuchicheos y construyo mil historias alrededor de esta pareja, cuyas circunstancias les conminaron a hacer una vida de puertas adentro apenas comunicados con la aristocracia de aquellos días.

Cuentan también que tras conocer con estupefacción su escandalosa situación, a los cónyuges supuestamente el papa León XIII les concedió una bula permitiéndoles así convivir bajo el mismo techo en castidad. Vivieron con amargura hasta el final de sus días. Hay quienes aseguran que el Marqués al conocer la noticia se suicidó, que sus restos reposan en el jardín del palacio y que desde entonces su espectro fantasmal deambula por las galerías del lúgubre caserón. También la historia popular habla de emparedamientos y desapariciones misteriosas.

El rumor popular habló durante años de otros fantasmas, de voces que se oían venidas del otro lado. Así prestigiosos seguidores del mundo paranormal utilizaron este caserón como laboratorio, especialmente durante la época en la que estuvo inexplicablemente casi abandonado e incluso a punto de ser demolido, algo tan absurdo de pensar como imposible de creer al ver el interior de este edificio.

Quien sabe que ocurrió entre aquellas paredes, pero merece la pena que hubiese sido real la historia de amor de Raimunda y José.

Fotos: Adolfo Morales (c) 2009.

El autor abajo a la derecha en las escaleras principales del edificio.

Madrid. Triangulo mágico.

Madrid, dibuja un triángulo mágico haciendo vértice en Cibeles y tomando como esquinas la Calle Fuencarral y La Puerta del Sol, para discurrir desde allí por las Calles de Alcalá y Gran Vía.
Este paseo circula por una de las arterias más elegantes de la ciudad, por cuanto en ellas se sitúan edificios de especial relevancia y significado. Es recomendable echar la vista al cielo para contemplar y disfrutar de cúpulas, pararrayos, relojes, ángeles y demonios, unos a pié y otros a caballo que señorean el cielo de Madrid. Estas calles están repletas de símbolos, miradas y gestos helados por la quietud de las magnificas esculturas que adornan las alturas. Las exquisitas Bitácoras Aladas, quedan expuestas unas al sol y otras tras los paramentos grises de sus enormes y sólidos edificios en los que no había ningún jardín Zen. No olvidemos que todo confluye en la actual Casa de América, aunque siempre será el Palacio de Linares, y esto influye en el entorno. Pudimos acceder al mirador del Círculo de Bellas Artes para contemplar este magnífico paisaje y desde él sobrevolar entre La Victoria Alada que corona al edificio Metrópolis, Las cuadrigas del escultor vasco Higinio Basterra situadas en las terrazas del BBVA, o admirar la torrecilla con reloj rematada con un pequeño templete y pararrayos del Palacio de La Equitativa.
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Clic sobre las fotografías para ampliar.
Para hacerlas tapiz del escritorio, una vez ampliadas,
botón derecho del ratón y "establecer como fondo".
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AMC (c) 2009

Pere Sousa, poeta fonético.



Por segunda vez, he asistido en mi calidad de invitado al encuentro de EDITA'09 recientemente celebrado en Punta Umbría como ya sabéis, para compartir algunas horas con los amigos-autores del proyecto Poesía en la Distancia. Como lugar de encuentro, he deparado de nuevo con la personalidad de PERE SOUSA, que además de surrealista, es un poeta fonético, un declamador, un artista cuyo modo de comunicación además de otros: escribe, hace collages, organiza encuentros y exposiciones, esencialmente es voz, tono, e intensidad. Si a un poema le falta algo para llegar, son esta clase de creadores, que dibujan con su voz, los sonidos escritos, haciendo que el diapasón de la inspiración más profunda vuele por la escena o el auditorio.
Para mí ha sido un descubrimiento del que os hago participes por su extraordinario genio y lucidez. Es toda una experiencia oírle y no os dejará ajenos, sino más bien perplejos y embobados por lo exquisito de su arte. 10 sobre 10 sin lugar a dudas. Cuando vi el vídeo ( que él produjo, le puso música, rotuló y obviamente dio voz) que os acompaño no pude dejar de pensar que tenía que conseguir un saludo y una entrevista virtual. Allí hablamos, quedamos y este es el resultado.

- Pere, ¿Qué nos queda del surrealismo de los genios como Dalí, Picasso, Camus, Sartre?.

En la publicación P.O.BOX que editaba en los 90, en el número 33 de 1998 http://merzmail.wordpress.com/ encontramos en la portada un eslogan “No more masterpieces” (no más obras maestras).
Quizás le damos mucha importancia a los grandes nombres del arte, creo que no nos deben amedrentar, forman parte de nuestro pasado y algo hemos aprendido de ellos. Todo lo pasado va creando un poso que forma parte de nosotros, pero también rechazamos de plano muchos de sus lodos.
Antes del surrealismo existieron grupos de poetas y artistas que rompieron de una forma radical con todo el pasado académico y burgués y se dejaron oír, eran gente cercana al movimiento obrero y revolucionario de principios del siglo XX, algunos como los futuristas italianos que influyeron notablemente en la incipiente vanguardia hispánica, se decantaron por el fascismo, no todos, Giacomo Balla inventor del Arte del Ruido huyó de Italia y se refugió en Tarragona, otros los futuristas rusos colaboraron con la revolución bolchevique, y el movimiento Dadá fue ante todo pacifista y ha sido Dadá quien más ha influido en las manifestaciones artísticas de finales del siglo XX. Pero hay un lapsus de tiempo, muy largo, la Europa de entreguerras, donde surge el surrealismo y personajes como Dalí, Picasso es un punto y aparte. Camus o Boris Vian en la posguerra han influido notablemente en la literatura contemporánea, así como Bertrand Russell o Sartre en el pensamiento, siempre nos quedará Paris, ya que todos ellos camparon por allí.

- Últimamente, vuelve a ponerse de moda el “arte en vivo” o también conocido como “performance”, creadores ligados al futurismo, el constructivismo o al surrealismo, escenifican las exhibiciones con cierta puesta en escena. Pareces estar como pez en el agua. Tu video dedicado a Anna Blume con el que apoyaste tu intervención en Edita’09 es toda una carta de presentación. ¿ En esta línea, piensas que la poesía, la narrativa o cualquier otro modo de expresión debe traspasar la letra impresa, eso le da más calor a lo que se pretende expresar, o ser un perfomance va más ligado a la capacidad de exhibicionismo de provocación del actor que llevamos dentro?.

La poesía lleva mucho tiempo traspasando la letra impresa, cuando la mayoría de la población era analfabeta, los bardos y los trovadores llevaban la poesía al pueblo a través de las palabras, pero volviendo a los futuristas, Marinetti en su manifiesto "La declamación dinámica y sinóptica" fijó las bases de lo denominaba declamación futurista en oposición a la simbolista, decía :”el poema debe salir de la página y ser recitado con la voz y el rostro deshumanizado, pudiéndose acompañar de diferentes instrumentos, como martillos, timbales, maderas, o declamaciones simultaneas con otras declamaciones”, lo que pretendía el futurismo es acabar con la imagen del poeta romántico y soso y convertir el poema en un espectáculo visual y fonético, una explosión sintáctica, Dadá y sobre todo Schwitters exploraron el poema fonético hasta sus últimas consecuencias, le siguieron los letristas después de la guerra y la poesía sonora sobre todo con Henri Chopin y Bernard Heidsieck, volvemos a Paris otra vez, y en medio aparece el movimiento Fluxus, neodadás que explotan el concepto de Performance, tenemos un todo que muestra muchas aristas del fenómeno poético, aunque como afirmaba el poeta uruguayo Julio Campal, establecido en España en los 60; “la poesía actual no es una ruptura sino el resultado de “un largo proceso de evolución de la poesía de todos los tiempos”.
Caben muchos lenguajes en la manifestación poética, desde un mensaje en una botella hasta un poema cibernético, pasando por la poesía visual o la poesía acción.

Ver más sobre poesía fonética y sonora en:http://www.merzmail.net/fonetica.htm

El “Auca a Anna Blume” fue creado para un acontecimiento muy concreto, un “Auca” es un conjunto de estampas acompañadas cada una de ellas con una leyenda y que explican una historia, una biografía, etc. eran utilizadas antiguamente en Cataluña, los “auquers”, iban de pueblo en pueblo recitándolas, algo muy parecido a los romances de ciegos, muy entroncados en la literatura popular. En este “Auca” explico una historia que tiene algo de real y algo de ficción, un encuentro entre Duchamp y Man Ray que sí estuvieron en la Caula (salto de agua caliente cerca de Figueres), Dalí que también estuvo seguramente sin Gala, Schwitters, que no estuvo, y Anna Blume que es un poema y un libro del propio Schwitters. Las estampas son imágenes reales algunas – obras de los protagonistas- y montajes otras, y las coplillas explican este encuentro.

- De tu creación, con que te identificas con más nitidez.

He trabajado en los últimos años en la divulgación de la poesía fonética, recitando en directo a los clásicos; Hugo Ball, Hausmann y Schwitters, sobre todo la pieza Ursonate de este ultimo http://www.merzmail.net/110.htm, pero también me ha interesado los aspectos más lúdicos de la poesía, el juego con el lenguaje y sobre todo la presencia y la interrelación con el público, no tengo ninguna necesidad de provocar sino de acercar a los demás esta otra lectura del fenómeno poético.
video


* dale al play *
Pere Sousa es mucho más, no bastará con que echéis un vistazo en Google a su dilatada actividad es necesario disfrutar de su capacidad interpretativa (creativa) en los distintos montajes que existen en la red, en sus trabajos en pos del surrealismo, algo poco usual en los tiempos que corren y que a mi personalmente me devuelven aires que siempre me sentaron bien.
Yo también creo que el surrealismo nos hace la vida más comprensible.
Enorme Pere, enorme.
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Acceso a enlaces en los que participa y mail de Pere Sousa:
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Ilustraciones y fotografías obtenidas de la red (c)

Madrid invita I.

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Madrid invita a disfrutar de su deshinibidora manera de mirar. Si quieres asistir a un excelente espectáculo de originalidad, no dejes de pasear y si es posible -es lo recomendable- tapear o comer en cualquiera de los locales dedicados al arte culinario de la calle Cava Baja -me lo agradecerás-. Decenas de esplendidos miradores de la restauración más callejera y actual de Madrid, sin olvidar a otros clásicos que también conviven en los mismos metros cuadrados. Una gozada.

Metro LA LATINA / Situados en la Calle Cava Baja ir subiendo hacia la Plaza Mayor.
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Fotografías: A.Morales.

Hotel Granada VIII.




EL BURDA, los aires de Europa .


Para cuándo me di verdaderamente cuenta de qué estaba pasando, mi madre funcionaba como modista a pleno rendimiento, así entre carboncillos, reglas, tijeras, y las costureras que formaban este pequeño team con ella: Manoli, Torres, Teresa, y algunas más que estuvieron de paso por allí. La cuestión de la ropa, y su peculiar argot pasó a formar parte de mi peculiar modo de entender el trabajo, entiéndase la idea de distribución o de especialización.


¡Qué buenas tertulias mantuvieron, entre puntada y puntada, a costa de este o aquel asunto traídos a colación por cualquiera de ellas¡. Había un clima familiar, cercano, sin perder el ritmo que los compromisos para entregar “las prendas” en determinada fecha exigían.

El equipo de Pepita la modista, como sinónimo que desde entonces la identificara en sociedad, lo formaban esencialmente muchachas que se precipitaban en el mundo de la costura (coser para otros de un modo profesional) para ganarse unas perrillas al mismo tiempo que aprendían los trucos y procedimientos de la jefe de equipo, en este caso, mi madre, que ya venía en este sentido bendecida por algún don divino y la necesidad.


Así es que, entre detalles técnicos al uso como: “…primero le haces un pespunte y al final rematas los hilos con cuidado de que no se te doble hacía arriba, ves...”, “no fuerces el hilván que hay que hacerle una prueba a Dª Margarita” o “ el dobladillo debe quedar más cerrado, más recto…”, y el ir y venir del jaboncillo( una especie de tiza, más fina, más precisa y fácil de quitar), la tijeras, los alfileres y el acerico, fui retomando mi sitio en el mundo que me había tocado vivir.
Resultaba que al retorno del Colegio, a la hora de merendar, después de subir los 44 escalones como un torbellino lleno de energía, lo usual era contemplar la estampa de “las niñas” escuchando la radio, la novela al uso, algo de música, o comentando lo sucedido en la ciudad, de este o aquel conocido o lamentando abiertamente la suerte que le había tocado con la claudicación a la vida conyugal que mi padre había tomado al marcharse a trabajar al extranjero, o la viudez de Torres, o de aquel chico que pretendía a Manoli y que ella se negaba a conocer.




Pero allí había luz, una luminosidad que regaba el largo pasillo de amplios ventanales de aquel piso pintado de un tono amarillo pastel, a juego con la plástica de la pared también de un color amarillo más atenuado, al fondo rematado con un cuadro de flores. Un pasillo cuyas baldosas semejaban teclas de un piano imaginario, y que por entonces ya emitían armoniosas notas musicales al discurrir sobre ellas, notas que duraron para siempre, pues no hubo manera de hacer encajar aquellas losas sin que al pisarlas dejaran de tintinear.


Aquel pasillo en su nivel, daba cumplida cuenta de tres estancias de la casa, al fondo la cocina, a su vez dividida en dos espacios uno más pequeño donde al final se situaría la cocina, y otro bastante grande donde estaba el fregadero, la alacena, y la mesa del almuerzo, le seguía el cuarto de costura y a continuación el dormitorio de mis hermanas y mío, aunque hasta poco antes dormía en la cama de mi madre, una mezcla de sobre-protección y cariño que solo algunas madres son capaces de sentir con esta intensidad, pero que aun así, no recuerdo especialmente.


Al otro extremo de este pasillo, la puerta que daba a la terraza del patio lavadero, donde algunas alpilistras y geranios daban tonos verdes al marcado encalado blanco, en aquel lugar se situaba una gran pila circular, que con el tiempo fuese sustituida por una del mismo tamaño cuadrada y más tarde se acompañaría por la primera lavadora BRU -de tambor vertical- que entró en aquella casa. Formando parte y junto a ella, un pequeñísimo cuarto de aseo, un pequeño water de los de cadena en la vertical, en dónde pasara tantas horas leyendo, viendo revistas o incluso oyendo la radio, y es que ante la cuestión escatológica en la dimensión fisiológica, puede y debe ser un tiempo compartido con otras artes.

La cuestión es que en aquella España, en la que la incipiente Ley de Prensa del 66, quitaba paja al asunto de la censura previa y la bajaba de nivel coactivo, aún así, dictaba mucho de que los periodistas y contrarios al Régimen pudieran expresarse con libertad, pero era un pasito a favor de la corriente que trataba de normalizar la vida social dentro de aquella Dictadura de Franco.

En Huelva era el ODIEL, -el diario dirigido por Antonio Gallardo, afín al estado de bienestar existente, y que por 2 pesetas era la voz de la sociedad local, nacional e internacional, disponiendo en 10 páginas por ejemplar, todas las noticias y el pulso a aquellos días de extraña calma y abnegado equilibrio.


Era obvio que no iba a ser la fuente más objetiva para conocer lo que estaba realmente ocurriendo en la ciudad, en España y en el Mundo, lo era entre otras cosas porque en su logotipo y cabecera de portada junto a su nombre, exhibía el símbolo del yugo y las flecha además de inscribir con total descaro que la editora pertenecía a la red de Prensa y Radio del Movimiento con sede en Madrid, sita en la Avenida del Generalísimo, como no podía ser de otro modo-, mientras que en el resto de España, con el mismo talante, otros diarios de tirada nacional, como: ¡Arriba!, la Hoja del Lunes, El Alcázar, Diario Ya, Pueblo, La Vanguardia, ABC o el Diario Madrid que sería el que tuviese la fatal decisión de desafiar al Régimen, aprovechando la incipiente bonanza de la indicada nueva Ley de Prensa.
Hay que hacer especial mención de este peródico, pues marcado desde entonces, el Diario Madrid sería varias veces sancionado, sus periodistas perseguidos, y años más tarde sería clausurado y teatralmente su edificio sería demolido con una espectacular voladura. Eran las reglas.


En otra dimensión Pueblo, próximo al sindicato vertical en su fase final pasó a ser considerado de alguna manera "obrerista", dirigido en esa última época por Emilio Romero, que coqueteaba con ambientes de la oposición de izquierdas sin abandonar el falangismo. Fue el periódico más leído de España después de La Vanguardia y ABC.

Esto era lo que había, una España yacente, callada, abrumada por el siniestro sistema de vencedores que dirigían a todo un país, con un sentido ridículo de las normas, la educación o las creencias, que se fundó en el temor de dios, de un dios extraño, que no sabía distinguir lo que se decía dentro a lo que se hacía fuera de los templos.
En este estado de cosas, yo fui un privilegiado, pues gracias a la desgracia que vivimos en el piso de realquiler de la calle Mora Claros, al inesperado oficio de modista de mi madre, hasta allí comenzó a llegar con exquisita regularidad una revista técnica, de edición alemana que más adelante dada la profusión que tuvo entre el sector femenino, comenzó a traducirse al español, aquella revista en color, no era otra que el “BURDA”, páginas dedicadas al mundo de la moda y sus tendencias, que incrustaban planos de corte de prendas: unas veces faldas, otras blusas, pantalones, etc.



Así mientras todos los chicos disfrutábamos de las aventuras de Tintín, en su Vuelo 714 para Sídney en la biblioteca municipal, los obreros de su bocadillo de sardinas en aceite, los industriales del Odiel de “las noticias” y avatares sociales de la ciudad, yo además tenía una ventana a la Europa demócrata de aquellos días, Burda incorporaba pequeños trabajos periodísticos, o hablaba de lugares donde sobre todo había color, mucho color frente al tenebrismo que aquí disfrutábamos, y sexo, sexo con mentalidad alemana, o lo más parecido a lo que pudiera parecerse, así chicas ligeras de ropa, por aquello de la moda de verano, o mostrando las nuevas tendencias en ropa interior escapaban a la censura, ¿quién iba a controlar una revista de moda para mujeres?, y esa ventana, mes a mes, fue facilitando tics de un mundo que corría paralelo al nuestro. Las imágenes de estas mujeres con la constancia de la suscripción a la que estábamos abonados se hizo algo común, natural y mes a mes,esperadas.



De un modo u otro, esto acentuó e hizo ordinaria la visión que tuve de la mujer: de los cuidados que dedicaban a su cuerpo, un culto ya emergente, del gusto por según que telas en función de la temporada, ya fueran: gasas, lino, moaré, organdí o muselinas…, de cómo acentuaban su feminidad, con polvos, cremas y lápiz de labio de variados colores, y junto a ellas, pequeños artículos con escenarios europeos o americanos, actores, actrices, diplomáticos,etc.. todo aquello hablaba de algo más, aparte de aquellas leyendas que institucionalmente hablaban de lo que oficialmente ocurría tras las fronteras, de un modo ingenuo aquella ventana me acercó a la Europa real y sin duda también fraguó el compendió de fuentes de información que constituirían mi cultura social.


Mientras en aquel Abril de 1967, en Huelva se anunciaba a bombo y platillo que el Consejo de Ministros ordenaba la confección del proyecto del puente sobre el río Odiel, y que Rafael por segunda vez, representando a España en Eurovisión con su canción “Hablemos del amor” quedaba en sexto lugar, una noticia que no lo era por cuanto toda España vivía la noche de Eurovisión como un solo hombre. ¡Habría algo más interesante que Eurovisión!. Ya por entonces, Gibraltar mantenía su ritmo y era un recurso habitual en la prensa "nacional" del pulso al imperio Británico y a su graciosa majestad, por la roca.


Efectivamente el BURDA como ahora internet, abrió una ventana al mundo, a un mundo que en aquella España de sermones y boinas rojas, facilitó que la conspiración, las aspiración o la ansiedad por el cambio, también se impulsase desde la visión ingenua de aquella revista de moda.



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Sleeping Beauty de Frederic Leigthon en el Prado.



"Sleeping beauty" o también conocida como "Flaming june", esta pintura victoriana es reflejo de una época, en la que los símbolos pasan, rodean o se miran en la serena belleza de la mujer, que nos la presenta: a veces perdida, divagante, reflexiva y en ocasiones casi aburrida. El retorno al clasicismo es patente. Una recuperación de las formas para un mundo quizá algo más actual. Frederic Leigthon que no contaría en un principio con el aprecio de sus coetáneos, si viviría ese reconocimiento y terminaría siendo un influyente agente desde que en 1868 fuera elegido académico de número, para presidir diez años después la Royal Academy.
El Prado expone una muestra de este estilo, aunque sin lugar a dudas, esta "bella durmiente", tiene por si sola, suficientes argumentos como para no dejar pasar la oportunidad de contemplarla sin más distancia que los escasos 40 centímetros que te separan de la pincelada y tus ojos.
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VIII edición de Atlantica Visual-Art
Mi nombre es Adolfo Morales, este Blog es una especie de caja de zapatos en la que voy dejando cualquier cosa que despierte mi interés: fotografías, opiniones, relatos y algún que otro desvarío. Todo desde la más absoluta originalidad y autoría. Si bien me apoyo mucho en imágenes para uso no comercial colgadas en diferentes comunidades, como LA PETITE ECOLE. Llevo desarrollando la plataforma Blogger desde sus inicios, una experiencia que desde el principio me ha deparado muchas satisfacciones y el encuentro personal y virtual con gente muy interesante.
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