La sal de la tierra ( Salinas de las Marismas del Piedras/Huelva)


Siempre me ha llamado la atención este proceso de obtención de la sal: ordenar el paso del agua del mar a través de unos cauces que terminan en una especie de estanques o granjas, cerrar las compuertas, y esperar al proceso de vaporización que a su vez terminará en la precipitación en forma de cristales y finalmente su posterior recolección, depuración, limpieza y envasado.
Desde el neolítico, la sal se incorporó a la vida doméstica, no solo por su poder para dar sabor a las comidas sino también por su otra facultad, la de conservar los alimentos. No olvidemos que incluso la palabra salario tiene su origen en el pago que se hacía a los trabajadores en particular a los legionarios romanos, para poder conserva los alimentos y alimentarse, o que la sal sea el único mineral comestible.

Cuándo una chica quiere decir a un chico que este es: simpático, o que le gusta, suele decir que es muy ....

El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños.
Graham Greene.

Fotografías: las salmueras en su proceso de vaporización y cristalización presentan una gama de colores entre grises y blancos, no ésta imaginada de diversas tonalidades, sus caprichosas formas en cambio si son reales. A. Morales (C)

Hotel Granada XIV.

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De las falsas piscinas de los Ingleses al dominio del aire


Cuándo vas cumpliendo años, y sobre todo cuando estos se asientan en la bisagra de los 11 a los 14 años, cualquier descubrimiento se te antoja un gran paso, una equiparación a los adultos que por entonces dominan la platea.

Vendría a ser como una especie de toma de alternativa, "apuntar maneras" que se dice en el argot torero, o ir asumiendo el rol que algún día indudablemente será el que nos corresponde por derecho propio. En esas andábamos, en aquel rincón del sur, mientras la ciudad dormía a la sombra del Régimen, entre beatos, fascistas, gente corriente y ciudadanos sin escrúpulos.

Huelva capital o lo que se mantenía en pié de ella, era el residuo que resistía a la que fuera la industria floreciente de la minería que llevo durante años, a que el capital inglés "colonizase" en términos absolutos la Cuenca Minera, y poblaciones como Nerva o Rio Tinto, fuesen casi de un modo esclavizante, explotadas para la obtención del apreciado mineral de cobre y en menor proporción de oro.

Así mientras en estas localidades, toda la población estaba de un modo u otro relacionada con la Rio Tinto Company, salvo infraestructuras mineras y el poblado-gueto de Bellavista, donde apartados y "a salvo" se construyeron viviendas, o el club social en el que en un exclusivo estilo inglés, "solo para caballeros", se reunían a jugar al billar, al padel, al tenis sobre tierra batida o incluso al golf con alfonbrillas, una iglesia, la escuela y poco más, para albergar a los familiares de los directivos y técnicos de la explotación, todos ingleses sin excepción alguna. Paralelamente la población minera local, mantenía su ambiente rural serrano andaluz, sus escasas infraestructuras y su condición de asalariado o de simple mano de obra imprescindible, por no decir que fuera de este papel, eran gente no deseada o de segunda.

La influencia de las minas en el mercado mundial, provocó un importantísimo desarrollo industrial, que transformó el perfil de una ciudad como Huelva, que quedó descompuesta y sin rumbo, tras el famoso terremoto de Lisboa.

Mientras que en la localidad de Minas de RioTinto quedaron para la posteridad esas infraestructuras domésticas, la
ciudad de Huelva a la sombra de la misma, recobró un esplendor inesperado, y así se llevaron a cabo obras e
infraestructuras de importancia como sería el tren que conectaría la misma explotación con el puerto, donde barcos en un constante ir y venir de carga y descarga, recalaban vacíos y partían repletos del tan preciado mineral del cobre, o el Barrio Obrero, una especie de micro ciudad compuesta por decenas de viviendas destinadas a los técnicos y administradores de grado medio de la Company, o como no, el conjunto denominado La Casa Colon, que en 1883 sería conocido como Gran Hotel Colón y que se utilizaría para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América. Un hotel de lujo, con jardines, pistas de tenis, y salones sociales de primera categoría. Un espacio que utilizarían como cuartel general viviendo sin salir de la Gran Bretaña al más puro estilo anglosajón. Estos y otros edificios notables, propiedad de ingenieros, arquitectos o políticos de la época corriendo la misma suerte en desarrollo y hegemonía, y así se esparcen con suerte dispar por toda la ciudad.

Pues bien, en aquellos años sesenta, todas estas construcciones ya estaban sino abandonadas, en liquidación, y los citados edificios, hacía ya años que habían dejado de estar lustrosos, ahora lucen vacíos, llenos de polvo, humedades y papeles antiguos esparcidos, acumulados y amontonados por doquier. Casi fantasmales, sin uso ni destino conocidos, ahora habría sido fantástico poder observarlos, con aquella dejadez y oír los sonidos del silencio de aquellas generaciones que la habitaron, emulando aquella canción cuya letra escrita por Paul Frederic en 1964, alcanzó difusión mundial al ser incluida en la banda sonora de El Graduado.


Toda la ciudad, y más el legado inglés sufría esa ignorancia, parecida a la decrepitud de un romántico abandonado a su suerte, algo así como la adaptación que Visconti hiciera de la novela de Thomas Mann, "La muerte en Venecia", de tan gratas sensaciones.

Sobre la memoria de los móviles...




Esta tarde, he dispuesto de tiempo muerto. Tras una fugaz observación del medio, de no encontrar nada en donde refugiar los minutos perdidos, de vagar entre comillas y comillas por artículos o noticias de ayer o incluso de antes de ayer, estando en ese "in pass", deparé en el pequeño bulto del pantalón, -no el escatológico que se diferenciaría notablemente en el tamaño, venga unas risas, aunque en reposo no se yo que decirte- . Un ligero movimiento y atrapé este artilugio de los tiempos modernos, el móvil, que junto con el pantalón, la camisa y la visa, son o forma parte de la "substancia" con la que enfrentarnos al devenir de cada día. No me refiero a las cosas que nos hacen ser, sino a las cosas que son en si mismas, digamos imprescindibles.

Salvo para urgencias, para buscar una comunicación en un lugar más personal o para decir "hola", "llegué bien", "nos vemos a las ...", el móvil no ha sustituido nada, sino que más bien lo ha suplantado. No acabo de entender del todo, este culto al móvil, y si lo piensas bien, casi esclaviza más que libera, sobre todo porque tienes que cargar con el dichoso a todas horas, que digo yo, que si nos hicieran implantes a la altura de la palma de la mano, tal vez sería más cómodo, pero lo que es de momento, un auténtico coñazo, y paso del debate de que si tiene video, puedes ver la tele, música, máquina de retratar, o si es táctil.

En estas reflexiones estaba al contemplarlo, cuándo me dije, "voy a aprovechar para descargar la agenda, que vete a saber desde cuándo no lo hago".

Y allí estaban, hasta decenas de nombres que ya no usaba, que pertenecían a otra historia, a otras circunstancias, incluso había gente que había muerto, en cambio su número allí estaba, esperando que el dedo índice los activase. La agenda contenía nombres y apellidos de gentes que por una u otra razón, ya no debían estar allí, no había ningún derecho a asociarlos a mi "celular", en cambio estaban: solícitos, en silencio, ocupando memoria, esperando ser activados.

Al final somos un registro, una partida de nacimiento, un DNI, una visa, un cuenta corriente, unas palabras en una carta, una ventana con unas sombras.

Indudablemente hice limpieza, a unos los resitue, pues ya constaban con otra configuración, a otros les di mi último adiós en su paseo al más allá, a unos pocos, sin ningún tipo de vacilación los borré. Ahora solo quedan los vivos, los útiles, los sanos, los temporales, los de la circunstancia, los que viven y tienen los mismos lazos del presente que yo. Algunos solo tienen un nombre, pero no guardan ningún número.

Mientras duró aquel tiempo, por el display pasaron uno a uno, todo tipo de fantasmas y espectros, como si recorrieras en modo flash, tu pasado en un minuto.

El filtro de la vida es algo parecido a la memoria de los móviles.

Fotografía: A. Morales (c)

Aerosmith - I Don't Wanna Miss a Thing


No quiero perderme nada.


Podría quedarme despierto solo para oírte respirar
Verte sonreír mientras duermes
Cuando estas muy lejos soñando

Puedo gastar mi vida en esta dulce rendición
Puedo quedarme perdido en este momento por siempre
Cada momento que paso contigo es un tesoro para mi

No quiero cerrar mis ojos
No quiero quedarme dormido
Porque me perdería de tí, nena
Y no quiero perderme de nada

Música y letra: Aerosmith.

Lideres.


Para reconocer a un líder, no hay nada más práctico, como sacarlo de paseo para observar el grado de admiración o por contra de contestación que provoca su presencia. Pero para eso hay que tener reaños y sobre todo medir "a priori" cual es la respuesta estimada que se va a producir. Ningún político se echa al ruedo, sin muleta ni estoque. Aún así, los hay que asumen parte del riesgo y experimentan la espontaneidad de los ciudadanos, en un gesto que se mueve en la horquilla que hay entre el arrojo y el complejo de Edipo.
Nuestros actuales políticos carecen del glamour tan necesario en política y del arrojo para echarse y sentir la calle en primera persona y es por eso que sus baños de masas siempre lo son entre leales, por lo que nunca saben de verdad, hasta que punto son apreciados.
El lamentable espectáculo al que asistimos cada día, por parte de todo el espectro de la política actual, nos arroja al abismo de las ausencias, y nos mete a empellones a convivir con el período menos imaginativo y carente de liderazgo de la joven democracia española.
¿Hasta cuándo durará esto?.

"El liderazgo es el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Se entiende como la capacidad de tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar a un grupo o equipo". Wikipedia.

Fotografía de Abbie Rowe.
Esta fotografía muestra al Presidente John F. Kennedy en su saludo a los voluntarios del Cuerpo de Paz en el Jardín Sur de la Casa Blanca el 9 de agosto de 1962.


Colegas.



La red a veces propicia encuentros muy satisfactorios. En mi caso, este grupo y otros colegas más que no supe añadirlos al escenario, son o forman parte de un eje común, la fotografía. Así he conocido a profesionales, modelos y gente con una gran creatividad. De tarde en tarde, César (en el centro con sus cachivaches) nos convoca a encuentros, en los que practicar nuestro juego favorito, además de propiciar el reencuentro de los colegas de afición, y asentar la amistad que vamos pillando.
Este sencillo montaje, es una especie de homenaje a todos ellos ( los presentes y los ausentes), parte de un fondo común, una calle de Huelva de noche, huella de la última "kedada", el resto puedes imaginártelo.

Fotografía: A. Morales (c) 2009

11 y 6. Fito Páez.


En un café se vieron por casualidad

cansados en el alma de tanto andar

ella tenía un clavel en la mano.

El se acercó y la preguntó si andaba bien

llegaba a la ventana en puntas de pie

y la llevó a caminar por Corrientes.

Miren todos, ellos solos

pueden más que el amor

y son más fuertes que el Olimpo.

Se escondieron en el centro

y en el baño de un bar sellaron todo con un beso.

Durante un mes vendieron rosas en "La Paz"

presiento que no importaba nada más

y entre los dos juntaban algo.

No sé por qué pero jamás los volví a ver

él carga con 11 y ella con 6

y se reía, el le daba la luna.

El autor, comentó en alguna ocasión estar sorprendido del éxito que tuvo esta canción.

Incomprensible, no?.

*

Fotografía: A. Morales (c) 2009.


Adiós.


Decir adiós cuesta, aunque al final resulte una constante despedirse.
De los que fueron amigos por algún tiempo y que ahora están en otras esferas sociales.
De los hermanos, cuyos lazos son cada vez más claros, la sangre no hace que coincidas ni tiene porqué.
De los hijos, que al crecer se piensan que eres un extraño, un despropósito o un efecto colateral.
De ti mismo, por cuantas frustraciones ya acumuladas te hacen renunciar a mil cosas.
Decir adiós cuesta, sin duda alguna cuesta, aunque al final dices "adiós" sin pensar en las consecuencias, en lo que te pierdes.
En el discurso social de las apariencias, siempre hablamos de encuentros, de buenas intenciones, pero somos expertos en decir "adiós".

Hoy te escribo para decirte..

Fotografía: A.Morales * 2009(c)

Cruce de caminos.

Cuando la noche ocupa todo el espacio que le es posible, otras sombras se abren paso a través de las vacías y silenciosas calles de cualquier ciudad. Las luces y las sombras se mezclan en una ballet con silenciador. A diario esas manchas de color se pasean por todos los rincones de la ciudad. Entre otros universos, les toca el turno a los desheredados, eso que huelen mal, están curtidos por el sol incesante de media mañana, y visten con ropa de invierno en pleno verano.

La estampa la capté por casualidad, pero solo habría sido necesario algo de paciencia, y quedarse a esperar en cualquier ángulo de aquellas calles.

Cuándo nos cruzamos, apenas nos miramos a los ojos, aunque cuándo estaban a una distancia discreta los volví a observar, y fue el momento en que apreté el disparador de mi cámara réflex.

Más tarde supe que aquella pareja decidió unir sus soledades y compartir lágrimas y desperdicios, así como juntar sus sombras y las de Raúl, el pequeño perrito que les acompañaba, un hijo a todos los efectos, o más por su probada lealtad y el cariño que les profesaba.

Al parecer quiso el destino que para ella solo existiera la calle, los soportales, o los cajeros del BBVA como espacios en los que soñar abrazada a si misma, acurrucada entre cartones de DOLCE & GABBANA, olvidándose que un día, fue madre, esposa, que hacía planes, que tenía objetivos.

Un hijo desviado, mal aconsejado, perdido, enganchado, que terminaría pegándola, desvalijando la casa, que hizo huir a su marido, dejándola abandonada en aquellas circunstancias, y que finalmente un día la arrojase a la calle, donde no supo reaccionar. Abatida, quemada, loca, sin fuerzas, no quiso luchar, y así abandonada deambuló por la ciudad, volviendo cada noche a mirar su casa, la luz que encendida iluminaba lo que era el salón, su salón, donde tantas noches ella descansaba, o esperaba, o simplemente cansada se echaba una siestita. Algunas mañana lo esperaba, incluso llegó a cruzarse con él, con su niño, aquel muchacho que fue creciendo entre balones de fútbol y Copas de Europa, un joven que apenas la reconocía, que la apartaba, que no quería saber más de ella, porque andaba más enfermo que cuerdo. No supo aguantar más y comenzó un largo peregrinaje de ciudades, de olores, sonidos y sabores diferentes, en soledad, llena de amargura y lamentando la cobardía que le impedía acabar con todo aquello, con ella misma. En esas conoció a su actual acompañante.

Con tan solo sesenta años, parecía mucho mayor, y es que vivir cambiando de domicilio cada noche, sin saber que comer al día siguiente, deteriora.

Él había sido músico, un hippy en toda regla en un país que no supo de aquella revolución sino años más tarde, cuando el LSD había estropeado a cientos de jóvenes que creyeron que vivir en paz y armonía, compartiéndolo todo podría ser posible y que como era su caso, terminaron enganchados al maldito caballo. Aunque de aquello hacía años que no quedaba ni restos, solo soledad, angustia y una mirada que no esperaba ver nada más que un cartón de vino olvidado en cualquier contenedor de basura o una lata de sardinas en aceite de las de oferta y que algunos solo compran por el regalo de plástico que dan, y que tiran sin ningún pudor.

Ahora aquellos dedos agrietados, hinchados, llenos de marcas, sangre coagulada de mil cortes, no podrían hacer música, ni rasgar aquella guitarra acústica de doce cuerdas, esmaltada en negro con la que entonaba canciones de su admirado Dylan, y su "Just like a woman" que también sabía entonar.

Después de un largo y duro proceso de recuperación para desengancharlo del LSD, paso por todo tipo de drogas menores y la calle y la falta de efectivo, le brindó solo la posibilidad de tomar lo que en ella encontrase. La calle le devolvió la cordura, lo curó a base de frío, hambre, navidades de añoranzas, de tantas carencias.

Ahora estaba equilibrado, desheredado, abandonado pero equilibrado. Sobrevivir era una tarea diaria.

En una de esas noches, en las que huyes de la lluvia, en busca de un mejor refugio, de portal en portal, de cartón en cartón, coincidió con ella, se miraron, permanecieron distantes y en silencio, y la noche les pudo, y fue así como convergieron y decidieron hacerse compañía.

Hace unos meses, del mismo modo, escucharon los lamentos de un pequeño chucho que estaba enganchado a una farola de las afueras de la ciudad, parecía como si estuviese allí varios días, esquelético y tembloroso. Lo soltaron, lo acariciaron y compartieron con él un trozo de pan y mortadela de esas que tiene trozos de aceitunas, un poco de agua y más caricias. El chucho no se despego de ellos, ni hubo necesidad de ponerle ninguna correa. Hoy responde al nombre de Raúl. Uno y otro tienen diferentes razones para llamarlo así, pero os juro que es tan cariñoso como un niño, y que enternece verlos juntos.

Las noches están llenas de sombras con mil historias que contarnos, aunque nuestra debilidad solo nos permita observarlas de lejos.

Fotografía y textos: A. Morales (c) 2009

La isla de los besos perdidos.





Para cuándo notaron que su ausencia no era casual, Orson llevaba tres días de viaje por aguas del Adriático, con una brújula que zigzagueaba, -a ratos apuntando al Norte, a ratos al Oeste-, comida para una semana y sobre todo viento de cola.
Y es que éste joven "lunático" creía que había lugares diferentes, sitios en los que recalar y mirar al mar desde otra óptica, espacios en los que se refugiaban los buenos deseos, los sueños o las promesas de amor eternas.
Con estas pertenencias, tomó rumbo hacia una isla, la que al parecer refugiaba los besos que los amantes lanzan al vacío, "la isla de los besos perdidos", de la que había oído hablar desde que era un niño, -tal vez fuese un cuento dulce, pero él creyó que era posible-, esperando encontrar en ella, los que su adorada Giselle le enviaba cuándo de jóvenes se escribían cartas de amor y que otra travesía -la de la vida- los situó en otros mundos, en otras islas.
Ni que decir tiene que Orson, además de iluso estaba totalmente loco.
Un mes después, un guardacostas Italiano, divisó a la deriva una pequeña embarcación, en ella aún quedaba comida enlatada, todo parecía en orden y no había señales de ningún accidente. También les llamó la atención una nota dirigida a sus padres: "Estoy bien. No os preocupéis. Soy feliz. La encontré. Es suficiente para mí. Os quiero. Cuidaos mucho".

*Giselle es un ballet en dos actos con música de Adolphe Adam, coreografía de Jules Perrot y Jean Coralli, basado en la obra De l'Allemagne (1835) de Heinrich Heine.

Fotografía: Dubrovnick * A. Morales (c)


la Torre "GHERKIN", Londres.


En su diseño y planteamiento de la Torre Gherkin, Norman Foster tuvo muy en cuenta los temas técnicos, espaciales, ambientales y sociales de este edificio, que generó una gran controversia al empezar a construirse justo un mes y un día después del catastrófico ataque al World Trade Center.

Se planteó su ideoneidad como icono de la capital británica, como imagen de una empresa global: la aseguradora Swiss Re, además se cuestionó el lugar de su construcción dónde antes fue bombardeado.

Foster ha sido galardonado, entre otros premios, con el RIBA Stirling Prize en 2004 por la Torre Gherkin, un edificio que en palabras de su autor es -social, técnica, arquitectónica y espacialmente radical-.

Swiss Re Tower con 180 metros de altura se inauguró en marzo de 2004, tres años después que iniciarse su construcción.

Fotografía: A.Morales (c)

Londres.



“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein.

Fotografía: A.Morales (c)

Pasos

La experiencia es una cosa maravillosa. Te permite reconocer un error cuando lo vuelves a cometer. (Anónimo).

Fotografía: A.Morales / Modelo: Soraya. (c)
Mi nombre es Adolfo Morales, este Blog es una especie de caja de zapatos en la que voy dejando cualquier cosa que despierte mi interés: fotografías, opiniones, relatos y algún que otro desvarío. Todo desde la más absoluta originalidad y autoría. Si bien me apoyo mucho en imágenes para uso no comercial colgadas en diferentes comunidades, como LA PETITE ECOLE. Llevo desarrollando la plataforma Blogger desde sus inicios, una experiencia que desde el principio me ha deparado muchas satisfacciones y el encuentro personal y virtual con gente muy interesante.
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