Marga Gil Roësset, en la memoria.



Fui buscando a J.Ramón (como firmaba en sus comienzos) y me encontré con Marga Gil Roësset, y después con sus otras mujeres: Blanca Hernandez-Pinzón, Susana Almonte y Carmen Rasco, "las moguereñas", las francesas: Jeanne Roussié y Francina a las que el poeta dedicó sus versos más encendidos: "Tu sexo negro, suave como un pulmón de pájaro", o " cuando te levantaba las faldas perfumadas", después vendría el sanatorio del Rosario y allí las tres novicias: Pilar Ruberte, Filomena y Amalia Murillo, de todas ellas sería Pilar la que más pasión convocó en su pluma, así dice evocándola: " Desde el primer día me pareció un mármol de museo, ablandado y calentado por mi", o " Deshojábamos nuestros cuerpos ardientes", sin embargo, la Hermana Amalia sería trasladada ante el escándalo y él, expulsado del sanatorio, la seguiría Louise Grimm, una de esas mujeres "altas,finas, un poco mustias" y finalmente Zenobia, su amor definitivo. Pero hubo otra, que quedó discretamente al margen.

Fui buscando al hombre y allí estaba, entrelineas, en sobres cerrados.

Marga Gil Roësset quedó postergada, oculta, tapada del anecdotario humano, casi mundano del Juan Ramón, casi silenciada. 

Marga llego a Juan Ramón a través de Tagore, es decir de la mano de Zenobia, por entonces la traductora al castellano de su obra.


Implacable al desanimo y en silencio, emerge, y reivindica desde la pasión que la contuvo y que la hizo naufragar, su amor y su desdicha por el poeta, por quien terminó suicidándose la mañana del 28 de Julio de 1932, de un tiro.

En su diario escribiría: "Y es que, ya no quiero vivir sin ti, no... ya no puedo vivir sin ti, tú, como sí puedes vivir sin mí, debes vivir sin mí.... como sobro, lo mejor es irme, y como sin ti, es que ni quiero, ni me importa nada, lo mejor es morirme".

Marga, escultora de gran proyección, de bellísima porte y elegancia, estaba por aquellos días trabajando en un busto de Zenobia, un trabajo inconcluso. La misma mañana, destruyó en su estudio casi toda su obra.

El periódico LA LIBERTAD se haría eco de la noticia en la edición del día 30 de Julio.
Marga contaba 24 años y Juan Ramón 50.

Tal vez, esta y esas otras pasiones que hablan de un Juan Ramón apasionado, libertino, enamoradizo, no hacen más que amparar al hombre que escribe. ¿Acaso  el poeta puede dejar de ser hombre?.

En un sobre cerrado, encontrado en su casa de Puerto Rico, con el epígrafe "Lo de Marga", el poeta tras su muerte, en agosto de 1932 escribiría diversos poemas y versos sueltos: "Tu sufrimiento, muerta tú, se ha quedado expandido sobre mi, como el rojo del sol, después de puesto, por la tarde. Sentimiento sordo, profundo, concentrado, inmenso...." y esta extensa descripción:










MARGA (GIL ROËSSET) 







Yo me había imaginado que Marga era rubia, como Consuelo su hermana mayor; y creí entreverla así en la penumbra carminienta de un palco, una mañana de concierto. Aquella tarde Marga era, y era morena pálida, de verdoso alabastro, con ojos hermosos grises, y pelo liso castaño. Sentada tenía una actitud de enerjía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre de su oficio duro. Y al mismo tiempo ¡tan frágil! Llevaba el alma fuera, el cuerpo dentro. Le dije al momento: "Amarga. Persa. Fuerte, viril". 
En su arte, escultura, pintura, también estaba siendo oriental. Una desvelada imajinación una fantasía sinuosa y delicada, enfondada en ritmo redondo, misticismo sensual. Con una gran personalidad enmedio, centro, médula, eje. A los 24 años se libraba ya de los fatales de la escultura máxima actual: Mestrovic, Einstein, Rosandich, Fiori. Iba a ella, se atraía a sí misma como un imán. 




Al momento quiso hacer las cabezas de mi mujer y mía. Empezó la de mi mujer. Un hallazgo desde el primer instante, una primera distribución maestra, después un sentimiento natural y sobrenatural a la vez, sacado del fondo, sin otra estilización que la necesaria. Mi mujer le dijo que parecía que la estaba haciendo brotar, como una fuente, de la tierra. Soltada la piel anterior. Evolucionaba, estaba en la naturaleza penúltima. Iba sin duda a lo perene. Nuestras cabezas (no hizo más que una, tenía prisa), estaban siendo ¡quién lo hubiera sabido! el ensayo para su estraordinaria escultura yacente, resucitada. 











Venía contenta, nueva, salida de sus nubes. Nos traía jenerosa el regalo de cada día, de cada mediodía, de cada hora: rosas, libros, frutas, papeles, cintas de colores, Sin duda se encontraba a gusto trabajando con nosotros, trabajadores como ella. Era un ejemplo de vitalidad exaltada, de voluntad constante, de capricho enérjico. Trabajaba hora tras hora sin descanso, de pié, con dolor físico, cabeza, hígado, muelas. Se deshacía las manos, se caía, se hería. Manchada de yeso, punteados, los ojos de piedra cobraban una belleza ácida, una expresión injente. Se iba ya de noche, corriendo. Siempre corriendo, entrando, saliendo, cargada de cosas, subiendo, bajando. Dormía poco, abandonaba el comer. Café, té, vida abreviada. No le importaba seguramente vivir. Una estoica. 












Habíamos llegado a las Rozas a las 9 y 1/2, después de buscarla en vano por Madrid. Estaba en la mesa de operaciones de la Clínica de Urjencia Omnia. Un tiro en la cabeza, con la belleza no destrozada, descompuesta. Su mano estaba caliente, latía su pulso. Sangre a borbotones por la boca, la frente vendada de gasa. Una mirada ancha dilatada, salida, pero ¿sin ver?





Está enterrada en la Rozas. Un corralillo cuadrado con algunos cipreses. Fue llevada en hombros en su caja blanca llena de rosas. El forense le hizo una autopsia de hora y media y cuando salió llevaba el zapato de lona con sangre de Marga. Pasaban trenes por un lado, coches por otro. La fosa tenía tres metros de honda. A las 8 le echaron la primera tierra, con un ocaso amarillo miel tras el Guadarrama morado. 




Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida. 




Juan Ramón Jiménez 










De: Españoles de tres mundos y A B C literario de 14 de noviembre de 1997, más completa que la primera ya que, Francisco Hernández Pinzón, suprimió de dicha edición los tres últimos párrafos, para no herir a la familia de Marga y, posteriormente, su hija Carmen, los entregó al Diario ABC.

7 comentarios:

  1. Qué triste.

    Los poetas pueden hacer mucho daño, sí.

    Saludos.

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  2. Brisas del alisio5/10/10 12:50

    Ya ves, lo que siento es pena por estos sucesos, no me parece que amar sea eso, amar siempre nos suma,nos crece,Marga no amaba realmente, o no lo hacía de manera saludable, ella, que tenía su vida propia, su pasión propia, la escultura.... no pudo soportar que él no la quisiera, pero ella, ella ¿por qué no se querría, por qué no se amaría...?

    saludillos

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  3. Por lo común, la figura de Juan Ramón suele ser hermética, seria, ajena a lo mundano, aunque de una sensibilidad poética que no ser´é yo quien evalúe. Por eso digo que fui buscando al hombre y allí estaba. Y de aquel testimonio sobresalen "sus mujeres", aquellas que apaciguaron la lujuria del poeta, y de entre todas destaco por "ausente de la historia" la figura de Marga. Una joven preciosa, con su genio escultórico y su desmedida pasión por el poeta que la llevó a tomar esa, a todas luces equivocada decisión. Tal vez tenga explicación esa última voluntad, en su precariedad anímica, la misma o parecida que el propio J. Ramón sufrió en su propia piel. Efectivamente se quiso poco. Equivocó la decisión, tal vez abstraída por algún signo romántico imaginando que con su muerte atraería en el más allá la pasión no correspondida. Un grave error, que impidió descubrir tantas cosas, tanta gente, tantas nuevas pasiones.

    Los poetas, ya lo dije en la entrada no son más que hombres, y nosotros los hombres y mujeres comunes, no somos más que poetas que no saben plasmar en un verso esas sensaciones.

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  4. Hola navegante:
    Dices que no serás tú quien enjuicie el Juan Ramón poeta. Yo sí, no me gusta y mis buenos disgustos me dio en bachillerato al hacerme suspender algún parcial por mi juicio sobre su obra.
    Pero como dices, los poetas también son personas y como tales con sus pasiones, mezquindades y grandezas. Marga sucumbió ante un hombre idolatrado como autor, de la misma forma que otros muchos autores han despertado pasiones y finales similares en aquell@s a los que han enamorado.
    El poeta Juan Ramón no tiene la culpa del suicidio de Marga, el hombre sí, aunque sucedió en una época muy dado al extremismo por concentración de sentimientos ante pocos estímulos. Si eso pasara hoy, probablemente no se habría suicidado sino que habría cambiado de estímulo u objetivo puesto que lo que hoy sobre es "oferta".
    Muchas gracias por acercarnos esta historia que desconocía.

    Buen viento.

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  5. Hola Josep, estuve liado, pero vi tu comentario hace días. Que caminos más extraños tiene la vida. Un andaluz te estuvo vacilando, jajaja. Si, la historia me pareció interesante y la figura del Juan Ramón parece siempre distante del mundanal ruido y fíjate, rascas un poco y.... Saludos amigo. ¡¡¡Más madera, más madera¡¡¡¡

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  6. Juan Ramón sedujo a Marga y después se asustó. No supo calibrar la pasión de Marga. La historia es complicada y fea, muy fea por parte de él y de los que han manejado el nombre de Marga, pero está censurada. Después de tanto tiempo, sigue habiendo una losa sobre ella que no dejan levantar. Marga ha sido condenada a no poder volar.
    Gracias por tratarla así: bien.

    Ana Serrano. Comisaria de la única y antológica exposición de Marga Gil Roësset, responsable del catálogo-biografía de la misma y de su página

    http://www.emboscados.com/margaantigua/

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  7. Perdón:

    http://perso.wanadoo.es/margaroesset/portada2.htm

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