Flor de un día.

Hubo un tiempo, en el que no existía más que mi mundo, un espacio pequeño, pero cómodo, ajeno a ese otro mundo de los adultos: con sus colegas, las caras bonitas de las relucientes quinceañeras, los primeros escarceos, las primeras experiencias. Luego le sucedió otro que configuró la sensibilidad hacia los grandes asuntos: la Democracia, la Libertad, Franco y la dictadura, dios y los católicos, la moral, la miseria moral que ya andaba tambaleándose, las primeras intoxicaciones, el tomar partido, la exaltación de los ideales, los extremos, las primeras decisiones, las primeras equivocaciones, las marcas, las huellas y las cicatrices. Así de un tiempo a esta parte, hemos seguido engullendo principios, normas, teorías, complejos, anticomplejos, reivindicaciones, para modificar aquello del principio y justificar el presente. 
Lo cierto es que las discusiones se repiten, los mismos argumentos, los mismos extremos, los mismos odios, los mismos diablos, los mismos iluminados. Nada ha cambiado más que un ligero matiz y yo sigo con cara de lelo si saber muy bien si puedo opinar a la vez de izquierdas como de derechas según sea el asunto, sigo sin saber si es bueno poder tener una opinión muy personal, tan personal que a nadie pretende influir, pero que pueda manejarse sobre argumentos y no sobre principios. No creo en los principios, como no creo que las personas los tengan de un modo inalterable, sin evolución, los principios en si mismos no existen, son un constante devenir, a unos principios le suceden otros según las circunstancias, según la madurez del asunto, según el grado de confiabilidad del asunto, pero en síntesis todos los principios son en su origen los mismos. Me sorprende observar como votar a unos o a otros, o recapitular sobre lo que otros dicen que hacen, que van a hacer, que harían si, puede enervar las diferencias coyunturales que el tóxico de las ideas nos mete en vena. Yo acepto todas las ideas, pero permítanme que pueda opinar sobre ellas, discrepar no te hace ser del otro bando. No hay bandos, es todo virtual y seria una temeridad imaginar que   estamos en bandos, con un guía espiritual, un iluminado que nos conduce al paraíso. Se puede ser de cualquier clase, condición y principio, es más aún, resulta imprescindible que sea así. 


Pero asistir al bochornoso espectáculo de la política, al desencuentro permanente, al enfrentamiento, al pulso constante es una obscenidad y dice mucho de todos nosotros. ¿Pero qué cojones nos pasa, somos castas, clanes, dónde quedó el espacio para los otros?, ¿creeís que solo hay un camino, una opción, una solución, una idea?, vamos venga ya, salgamos de este rollo. 


Recuerdo a Deep Purpple y aquel estupendo órgano a lo Emerson&Lake&Palmer y contemplar, solo contemplar asomado a mi pequeño ventanuco la vida transcurrir, siendo posible ser un proyecto de ser, algo por descubrir, por definir, aunque sometido a la presión de los más listos que ya se disponían a tomar posiciones para coger los mejores puestos, los iluminados con sus verdades irrefutables,  los pelotas, los pudientes, los enteraos, los influyentes, los bien situados, los hijos de mamá, los que tenían casa en la playa, y coche, o dos, los de izquierdas, los anarquistas, los fachas, los otros en cualquier caso y yo sin saber dónde situarme por definición, de un modo estanco, inalterable, inmovil. Nunca he aprendido a ser de un solo modo, a pensar de un modo único, de ser de un solo color  y por eso acepto que los demás lo sean, es más me apetece observar esa diferencia, enriquece, es divertido, incluso creo que debe ser sano, que seamos diferentes pero que podamos respetarnos. 





A pesar de los repetidos discursos en los que una y otra vez, los justo, lo democrático, lo solidario se esgrimía como los estigmas de una sociedad moderna sin los cuales no evolucionaríamos, descubres que esto ha cambiado poco, o muy poco, que seguimos no soportando al contrario, que perdemos la objetividad con la misma fuerza con la que  encontramos justificación a nuestras ideas, o a las del iluminado de turno. Vivimos intoxicados por las ideas y apenas somos capaces de defenderlas con argumentos sólidos, razonados en los que los oponentes encuentren también su espacio en la divergencia. Nos falta moralidad para ser consecuentes con el medio ambiente, con la economía, con dios, con la solidaridad, con los principios.  ¿De qué sirven los Principios si solo son palabras en un debate?. Creo que apenas hemos cambiado, que estamos en una cinta sin fin que resultó demasiado rápida y cuyo ritmo no somos capaces de mantener, y ella sola con su impulso, nos devuelve una y otra vez al principio. Mientras sea capaz de mantener el paso, intentaré no cambiar, seguiré pensando como me de la gana de acuerdo a las circunstancias, seguiré sin pertenecer a ningún bando, degustaré de todos los colores del espectro, y no por ello tú vas a ser mejor que yo, o yo mejor que tú.  



Y sobre todo, espero seguir disfrutando de la diferencia, la mía, la tuya, la de los demás. Y seguiré por supuesto rebelándome frente a los discursistas, benefactores del bien y del mal, los educadores de lo moral, los principios, contra los éticos, los filósofos del tres al cuarto, los listos de fascículo. Y aunque tu creas que ahora es tu turno: por listo, por inteligente, por repeinado, por moderno, postmoderno, ultramoderno, solidario, súper solidario, extrasolidario, extra todo, lo más in de todo: en la defensa de los animales, del medio ambiente,la especulación, contra el petróleo, la energía nuclear, el dinero negro por lo que tú quieras, solo te pido una cosa, no me des lecciones por favor, no me instruyas por favor, no me enseñes el camino, no te canses, haz solo una cosa, se consecuente con tus ideas, ponlas en práctica y déjame en paz, déjame a mi con eso de las diferencias reconciliables y con Deep Purple por supuesto.


Fotografías: A. Morales (C) 2012 * Nueva York.  Divan & Planta 53



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VIII edición de Atlantica Visual-Art
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