Tiempos de refrescos.



Si usted me pregunta si los Españoles somos monárquicos, le diré que no, que lo somos coyunturalmente, fruto de nuestra historia reciente, algo por  lo que solemos pasar de puntillas sin mucha justificación. Una solución constitucional , una especie de pacto de caballeros al hilo de los acontecimientos. No, en España no somos monárquicos, tal vez lo más acertado sea decir Juancarlistas, dicho esto desde la vertical de la historia y es más que probable que con él se acabe este modo de ser. Pero ¿somos Republicanos?, pues mire tengo mis dudas. Al fin y al cabo ser republicano es la fórmula más civil para una sociedad que pretenda rotularse de democrática, un modo de decir que no hay nadie por encima de nadie y menos que eso lo marque una estirpe. En eso estamos de acuerdo. Pero también está potenciado en cuanto a que la memoria de un país, por varias generaciones, guarda las heridas de la opresión a la que fue sometido, a cómo se le arrebataron los símbolos, con el uso de la fuerza y las armas. Sentimentalmente ser Republicano es además de una convicción una deuda.

Si usted entonces cree que podemos afirmar rotundamente que somos republicanos, le diré que sigo teniendo dudas. Si solo tenemos dos soluciones, pues seremos republicanos, o es blanco o es negro no hay más. Pero créame, para mi que las nuevas generaciones alejadas de la tensión sentimental de este debate pueden ser cualquier cosa, y nada y estarían en su derecho. Mucho me temo que este histriónico asunto quede para generaciones a punto de entrar en las listas de la prejubilación. Para mi que en este país somos más anárquicos que otra cosa, y que las formulas políticas al efecto son simples males necesarios, lo que a nosotros nos gusta realmente es no tener ni guías, ni gurús, ni reyes, ni presidentes si fuera posible, el sentido de libertad más extenso en si mismo.

Creo que a eso es también debido el que no conformes con nuestras no afecciones, no aceptemos las de los demás, y sea un juego nacional, ese concurso de tiro de feria en busca de "animalitos" de peluche, que no es más que lo que a otros gusta o complace, una vocación natural, es la famosa envidia nacional, que roza más en el desequilibrio emocional de cada cual, que en razones -si es que las debe haber-  para no aceptar con complacencia las manifestaciones de tipo religioso o festivo de los demás, algo tan irracional como no aceptar una lengua, una cultura, o un modo de entender la vida, que no significa tener que compartirla. Y es que somos tan singulares, que todo lo que entre nosotros se vuelve asco, discordia y enfrentamiento, se vuelve placidez cuándo se trata de vivir, convivir o disfrutar de otras culturas más allá de las fronteras naturales de esta piel de toro. 

Por suerte, estas generaciones más frescas, aíslan muy cómodamente estos fantasmas tan ajados y vencidos por el tiempo, y son más receptivos a manifestaciones, criterios, formulas, colores, sienten menos pasión envilecida y son mucho más espontáneos en sus tendencias y tal vez sea ese un signo de auténtica modernidad, mirar al futuro con la mirada tan alta como cuando se mira al pasado. Tal vez por eso, cueste ponerles cadenas.

Si ahora me pregunta Vd. si yo soy monárquico, le diré que sentimentalmente soy republicano, es ocioso cualquier otro planteamiento, si bien reconozco el papel de Juan Carlos, muy importante y clave en la democracia española, algo que deberíamos no olvidar. Solo dejo el sitio que le corresponde de acuerdo a las circunstancias, y vacuno mi mala memoria, pero dicho esto, en el fondo subyace un simple anarquista del tres al cuarto.

Respecto a como los demás se expresan, y cuales son sus fantasías, ya sean espirituales o ideológicas, no seré yo quien tenga nada que añadir salvo que en el cajón de mi mesa de trabajo, hay sitio para todas, otra cosa será que participe de ellas, las sienta o las padezca. Eso si, no me pida que sea más critico que cuándo las razones realmente objetivas me hagan situarme frente a los acontecimientos, si espera de mi que por extensión sea un critico compulsivo van listos.

La libertad más pura debería ser la que comienza en el respeto por los demás.

Si aquellos ideales, nos han traído hasta aquí, y mantenemos vivo el odio por el otro, convendría pensar que todo lo que no seamos capaces de superar, no es sino un cáncer ideológico, y alejarnos de ese epicentro debería ser casi una prescripción facultativa, y más cuándo nosotros no fuimos actores en aquella batalla. La cuestión es plantearse si no es esto, un latiguillo progre más, un modo enfermizo de hacer política, sin compromiso, de cara a la galería, política de titulares, gestos de ceja al uso. 

Dejemos de pensar por los demás, de instruirlos en lo que a nosotros nos complace, con qué derecho, quien nos otorga esa capacidad de influencia.

Es más que probable que todo, tal y como lo concebimos ya sea pasado, que las formulas para una sociedad del XXI sean tan diferentes, que la intoxicación entre buenos y malos, negros y blancos, derechas e izquierdas, republicanos y monárquicos, ateos y creyentes sean solo pasado, un lejano, triste y oscuro pasado.

Preocupémonos de pensar en nosotros y si coincidimos sea, y si no sea también.

¡Camarero un refresco de limón y un par de hielos¡.

Ilustraciones y fotografías tomadas de diversos medios de la red.

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2 comentarios:

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